31 oct. 2008

El Salmón como remedio

Hoy es un viernes difícil, haré algo en contra de mi voluntad y eso me cuesta mucho trabajo. Aprieta y traga, me decía mi abuela Atlántida cuando me amenazaba con una cucharada de alguna medicina difícil de pasar. Como si tuviera el sabor de aquel aceite de hígado de bacalao con Yodotánico en la garganta, me puse a ver a Calamaro. Es el concierto en Obras, Bs As, 2005.
Lo he dicho más de una vez, cuando las canciones de Silvio empezaron a dejarme solo en este mundo, Andrés se hizo cargo de todo. Fue Martha Sepúlveda quien me lo presentó, también he dicho eso más de una vez. Me puso “Media verónica” y me regañó porque no lo conocía. “No sé cómo Camilo Venegas puede vivir sin oír a Andrés Calamaro”, me dijo y soltó una de sus carcajadas inexplicables, como todas las cosas de Martha. Tenía razón.
Desde entonces, al menos desde entonces, voy con Calamaro a todas partes y, como el Salmón, he aprendido poco a poco a nadar con la dignidad indispensable y en contra de todas las corrientes. Con un vaso atestado de Bacardí y con el Paradero de Camarones de fondo, repito con Andrés: “Brindo por la victoria, por el empate y por el fracaso”. El Salmón como remedio, hoy que es un viernes difícil y haré algo en contra de mi voluntad.

30 oct. 2008

Las culpas de los inocentes

Ya se sabe que es falso, que Milan Kundera no chivateó a nadie. Aunque si lo hubiese hecho, a los veinte años y en la Praga roja, era igual de inocente. Lenin fue el pionero en eso de desacreditar a los enemigos para hacerlos indignos y silentes, pero fue Stalin el que convirtió esa práctica en una macabra herramienta para aplastar a todo aquel que tratara siquiera de contradecirlo.
Cuando den las doce de la noche del próximo 31 de diciembre, la dictadura de Fidel Castro cumplirá 50 años. En todo ese tiempo, según él, todos los cubanos dignos han estado de su lado. Los que se le han enfrentado, de una manera o de otra, han merecido de parte suya un sinnúmero de descalificaciones.
Hoy Cuba es un país en ruinas donde, parafraseando una vieja canción de Silvio Rodríguez, nadie ríe y todos bostezan. Pero si alguien decide denunciar el estado de senilidad y descomposición en que se encuentra la nación cubana, se convierte de inmediato en un gusano o en un vende patria, en una escoria o en un mercenario. “Siempre tuve miedo de verme encerrado en una afirmación dogmática que pudiera impedirme cambiar de opinión”, dice Jean Daniel que dijo Milan Kundera.
Millones de cubanos han cambiado de opinión, muchos de ellos a lo mejor chivatearon a alguien alguna vez. Pero al igual que el joven checo que hizo lo que trataron de endilgarle a Kundera, son inocentes. Esas culpas ya son incobrables, como lo es la deuda que la revolución tiene con todos los que desperdiciaron sus vidas en ella.

21 oct. 2008

Pánico y placer

Hay escritores que releo constantemente. Algunos de ellos no pueden faltar en mi equipaje. Vaya donde vaya, necesito tener al alcance de la mano algún libro de Paul Auster, Antonio Tabucchi, José Emilio Pacheco, Mario Vargas Llosa, William Faulkner, Juan Rulfo o Guillermo Cabrera Infante.
En el caso de los vivos (Auster, Tabucchi, Pacheco y Vargas Llosa), nada me entusiasma más que la noticia de una nueva obra. Durante la espera, leo todo lo que pueda sobre el libro y el tema que aborda. Empiezo a armar el rompecabezas antes de tener las piezas delante.
La publicación de La ninfa inconstante, una novela póstuma de Guillermo Cabrera Infante, me ha devuelto a ese estado de pánico y placer que me produce la cercanía de una novedad. Cuando ya lo creíamos imposible, Cabrera Infante nos ha devuelto a su Habana, la única de todas que con toda certeza será indestructible.

8 oct. 2008

La soledad al cuadrado

Hacía mucho tiempo que una película no me dejaba sembrado en la butaca hasta el final de los créditos. Eso logró La soledad (1997) de Jaime Rosales, un joven realizador catalán que se licenció en ciencias empresariales y se pasó tres años de su vida en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba.
Él mismo se declara deudor de Robert Bresson, Yasujiro Ozu y Jess Franco, de ahí su obsesión por mostrar pedazos de vidas cotidianas de forma ascética y a través de planos fijos. En La soledad, Rosales nos presenta a dos mujeres normales, casi corrientes, en su afán por sobrellevar sus circunstancias y evitar a toda costa los estragos que produce la soledad.
Cito en extenso unas notas que el propio Jaime Rosales ha escrito sobre su película: “Todo empieza con una emoción. Una emoción difusa sobre la vida, sobre el mundo que nos rodea, sobre cómo nos relacionamos los unos con los otros. (…) Estamos diseñados para sufrir y también para superar el sufrimiento. Somos seres duros y sensibles, pero al final, nuestra dureza supera nuestra sensibilidad”, dice el realizador.
En el mismo párrafo, sin el punto y seguido que yo he puesto, Jaime asegura que le “llama mucho la atención la forma extraña en que tenemos de tratarnos los unos a los otros. Hacemos bromas sobre cosas serias. Escondemos nuestras intenciones para lograr engañar al otro y lo que logramos de esta manera es confundirnos más de lo que lo estábamos. Podemos llegar a odiar a las personas que más nos quieren”, afirma.
Todavía sin respirar, en el mismo bloque de texto asevera que “le damos mucha importancia al dinero. El dinero está presente en casi todas nuestras acciones, en casi todas nuestras conversaciones. En general, creo que tenemos buenas intenciones los unos sobre los otros aunque no siempre somos capaces de mostrar lo que pensamos y sentimos realmente”.
Aunque la película cuenta la historia de Antonia y Adela, el relato avanza permitiendo que los otros personajes también se conviertan en protagonistas, exhibiendo las emociones que producen lo que hacen o lo que dejan de hacer. A veces parece que no estamos viendo una película, sino lo que logró filmar una cámara que alguien dejó encendida en medio de una familia o delante de una mujer sola.
Por La soledad, Jaime Rosales ha merecido varios premios y reconocimientos en los más importantes festivales de Europa. Es probable que dentro de dos o tres películas se convierta en un director de culto, pero por ahora es suficiente con que haya sido capaz de armar una joya a partir de los escasos materiales que ofrece la realidad triste y dolorosa. Sin concesiones ni optimismo, Jaime se limita a ponerlo delante de las verdades que encierra la soledad cuando se eleva al cuadrado.

7 oct. 2008

Los olvidados, los invisibles

Por esta época del año Freddy Ginebra se convierte en un ser inaccesible y eufórico. Cada vez que lo llamo al celular, está en un punto diferente de la geografía nacional. Jamás tiene tiempo para escucharme. A los pocos segundos de conversación me promete que me devolverá la llamada y se despide. En el resto del mundo es otoño, pero para Freddy es la época del Premio Brugal Cree en su Gente.
Según me contó una vez él mismo, el nombre del galardón surgió en una apartada comunidad dominicana, donde muchos se quejaban del olvido en que permanecían y el escaso reconocimiento que tenían las acciones que ellos desarrollaban por el bienestar de todos. “Lo que pasa es que aquí no se cree en la gente que trabaja, no creen. Piensan que cuando piden porque se la pasan fajaos sin ningún apoyo, es para cogerse el dinero. No creen en la gente”, dijo aquel ser anónimo y desmotivado.
Según Freddy, en ese momento él y Franklin Báez Brugal se cruzaron una mirada de complicidad. Habían encontrado el nombre para el Premio de la Fundación Brugal. Desde entonces, el Premio Brugal Cree en su Gente reconoce acciones voluntarias que logran influenciar la vida de muchos. La edición de este año estuvo dedicada al Padre Luis Quinn, un irlandés que en San José de Ocoa compartió su labor pastoral con la promoción del desarrollo social y económico de la comunidad.
“Muchos en muchas partes hacen obras caritativas y extienden una mano. Afortunadamente eso no es nada nuevo. Lo realmente trascendente del Premio Brugal Cree en su Gente es que reconoce a los que se creían olvidados, a los que parecían invisibles. Ahora, cada vez que sé de los resultados que ha tenido un proyecto que premiamos hace años, siento una gran felicidad por dentro y, por qué negarlo, siento mucho orgullo”, me dice Freddy y eso explica por qué en esta época del año se convierte en un ser inaccesible y eufórico.

6 oct. 2008

Lo muestra la muestra

Por su pluralidad y vigencia, la Muestra Internacional de Cine de Santo Domingo se consolida como el festival cinematográfico más importante de la región del Caribe. Pongo esas dos palabras como contrapeso de las cifras de espectadores que puedan reunir otros eventos, con más tradición y arraigo, cuya decadencia se hace ya demasiado evidente.
Del 2 al 11 de octubre los dominicanos tendrán acceso a cinematografías muy diversas y relevantes que no siempre circulan por las salas de cine y las tiendas. Filmes de Alemania (país al que está dedicada la Muestra), España, Francia, Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, Bolivia, Dinamarca, México, Uruguay, Cuba, Ecuador, Colombia y Suecia invadirán el Bella Vista Mall.
Pero una de las mayores contribuciones que puede hacer el evento, además de actualizarnos a todos con el mejor cine del momento, es aleccionar a los realizadores dominicanos sobre los géneros y los temas que pueden abordar. Ya es hora de que los productores locales se vistan de largo y se dejen de contar historias facilistas y redundantes. Eso también lo muestra la muestra.

2 oct. 2008

El Archivo Connie

Antes mis peores pesadillas siempre acaban en un examen de Matemáticas del que no sabía nada. En realidad entendí muy pocas cosas de esa materia y sólo gracias a mi prima Dalgis sobreviví en el preuniversitario. De ahí que por mucho tiempo saltara de la cama cuando profesores imaginarios llegaban hasta mí y me ponía una hoja mimeografiada con preguntas que jamás, ni en sueños, lograré entender.
Mis pesadillas siguen siendo redundantes, pero ahora han cambiado y todas suceden en la línea roja del aeropuerto José Martí, donde me detienen a la hora de regresar a Santo Domingo. Por fortuna, siempre me despierto cuando entablo la discusión con el agente del Ministerio del Interior que no entiende ninguna de mis razones. Hace unos días, descubrí una manera de entrar y salir de Cuba sin ser visto.
El Archivo Connie (http://www.archivodeconnie.annaillustration.com/) me ha permitió ir a un concierto de la Orquesta Cubana de Música Moderna y oír “Pastilla de menta” en medio de un centenar de pepillas que bailaban eufóricas. Luego, al hacer otro click, entro en un cine (¿La Rampa? ¿El Riviera?) y distingo las oscuridades de P.M., el documental que provocó el cierre de Lunes de Revolución.
Connie es Anna Veltfort, una muchacha que nació en Alemania en 1945 y emigró de niña a los Estados Unidos. Desde febrero de 1962 hasta septiembre de 1972, vivió en La Habana. Según cuenta ella misma, su padrastro, un veterano de la Guerra Civil Española, “vio renacer su ave fénix con el triunfo de la Revolución Cubana y llevó a su familia a vivir y a estudiar en Cuba”.
Connie hizo el bachillerato en el Instituto del Vedado y se licenció en Historia del Arte en la Escuela de Letras de la Universidad de la Habana. Donde estudió desde el otoño de 1964. Después de graduarse, en la primavera de 1972, regresó a Estados Unidos, donde vive actualmente. El Archivo de Connie es un blog donde ella ha ido salvando todo lo que conserva de sus años en Cuba: publicaciones, música, fotografías, documentos, affiches y curiosidades.
Catalogadas por años y temas, las más increíbles cosas pueden aparecen en esa caja que, una vez que se abre, se parece demasiado a la de Pandora, sólo que todo lo que se desata de ella le hace un bien exagerado a la melancolía. Uno de los documentos llevados a PDF, recoge una visita que Fidel realizó a la Universidad de la Habana en 1967.
En una de las fotos, el Comandante le explica a Connie “un método novedoso para sembrar piñas”. En la imagen Connie da espaldas. Es la única vez que lo hace. En el resto del blog le da el frente a su pasado y lo salva con minuciosa paciencia. Al final de su nota introductoria, Connie invita a los lectores a compartir sus fotos y documentos. Yo también lo hago. Contribuyamos a que ella tenga más memoria y hagamos entre todos que el olvido sea cada vez más llevadero.

Sábado del Libro

El Sábado del Libro, es una actividad que celebra el Instituto Cubano del Libro desde hace décadas. A la sombra de un portal, los escritores dialogan con sus lectores, con los curiosos y hasta con los transeúntes. El sábado pasado el invitado fue Ángel Santiesteban, quien presentó su libro Dichosos los que lloran, Premio Casa de las Américas 2006 de Cuento.
Todas los relatos que Santiesteban reúne en ese volumen, suceden dentro de las cárceles cubanas y todos sus personajes están encerrados entre cuatro paredes que no tienen salida al futuro.
Estas fueron las única palabras que dijo el escritor:
"Buenos días. Agradezco a quienes han acudido a esta presentación. Vale reconocer en especial a mis amigos y hermanos, pues el estar aquí se lo debo a ellos. Preciso es confesar que cuando titubee en venir, insistieron en que no podía abandonar mi libro. Tenía que acompañarlo en este momento y, como siempre he hecho con cada uno de estos hijos en papel, compartir su suerte o su desgracia.
Este libro, al igual que los anteriores, trata temas difíciles. Definitivamente parece que clasifico entre los escritores de temas difíciles. Sí es así, no lo soy por esnobismo, no intento llamar la atención sobre mí. La realidad ofrece, entre su total heterogéneo, una no desdeñable multiplicidad de asuntos muy complejos no tomados en cuenta siempre por los escritores. Junto a estos se hallan otros, tratados en ocasiones sólo desde alguna de sus aristas.
No busco los temas, ellos están ahí, angustiando a alguien, o a muchos, y terminan agobiando al escritor que creo ser. El proceso de escribir comienza con la inquietud ante una circunstancia o una idea que, recurrentes, me emplazan desde su necesidad de ser contadas. Por tanto si al final mis libros resultan amargos obedece a lo plural de la realidad en que vivo.
Seguiré escribiendo sobre los silencios, las miserias y los desamparos; sobre los dilemas de mi tiempo, aunque en oportunidades resulte marginado por ello. No voy a cejar en escribir. Es la manera a mi alcance de ser leal a mi tiempo y a mí mismo. A todos, mis más sinceras gracias".
Ángel Santiesteban

1 oct. 2008

Tarimas vacías

En sus Reflexiones de hoy, Fidel se propuso elogiar la película Kangamba y rememorar el hecho histórico en el que está basada. Pero como ya es habitual en esos textos suyos (¿suyos?), acabó hablando de otra batalla y de otros sucesos. De paso, le ordenó al ICAIC que empezaran a producir la saga del filme que se acaba de estrenar en La Habana.
En el último párrafo, no desperdició la oportunidad para atacar a su archienemigo: “Mientras tanto, el imperio se atasca en una crisis económica que no tiene igual en su decadente historia, y Bush se desgañita pronunciando disparatados discursos. Es de lo que más se habla en estos días”, concluye.
Sí, el comandante tiene razón, de la crisis mundial es de lo que más se habla en el mundo, menos en su país, donde el único tema de conversación es la crisis alimentaria y la desesperanza colectiva que provocaron los ciclones y la incapacidad del gobierno para enfrentarlos.
La única medida que se ha tomado hasta ahora fue adoptada por el diario Granma, quien decretó en un editorial duros castigos para los campesinos que vendan sus cosechas por un precio mayor al que tenían antes del paso de las tormentas. Como consecuencia de ello, todas las tarimas en todo el país están vacías.
Esa era la reacción que todos predijeron. Todos menos Fidel. Al máximo líder sólo le alcanza el tiempo para estar pendiente de la catástrofe ajena.