26 feb. 2009

¡Allá tú!

Por estos días, a propósito de las iniciativas que está estudiando el gabinete de Barack Obama para destensar las relaciones de Estados Unidos con Cuba, se ha librado un intenso debate sobre el embargo (yo siempre he dicho bloqueo, pero estoy de acuerdo en que la palabra embargo se ajusta mucho más a los hechos) y la libertad de viajar de los cubanos en una sola dirección, es decir, de Estados Unidos hacia Cuba.
Fuera de Cuba han opinado todos los que han querido. Dentro de Cuba lo han hecho algunos entre los poquísimos que tienen acceso a Internet y dicen lo que piensan aun cuando saben que allí, como dice la canción de Drexler, “nada es secreto en los vericuetos de la informática”. Los criterios de Paquito D’Rivera en ese “diálogo” han provocado que al menos dos personas (hasta donde me consta) le pidieran al músico que los borrara de su lista de contactos.
Uno de ellos me pidió lo mismo hace unos meses, a propósito de un post que escribí sobre El regreso del idiota, el libro de Plinio Apuleyo Mendoza, Álvaro Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner. Al pedirme que no le enviara ni un email más, el individuo argumentó que “él no podría leer ni una página de esos tres miserables”. El azar quiso que Montaner lo mencionara pocos días después, en un artículo donde hacía una relación de las tendencias y los nombres que no podían faltar dentro de una Cuba donde se incluyeran las ideas de todos los cubanos.
Uno de los discos más inolvidables de la música cubana de cualquier época es Master Sessions, Vol. 1. En ese inmenso tributo que Andy García le “orquestó” al célebre contrabajista Cachao López, hay también un homenaje a Paquito D’Rivera. “Paquito, Paquito, síguelo si puedes... ¡Allá tú!”, dice un coro mientras el genial saxofonista hace de las suyas. Hoy en la mañana me di cuenta de que todos me miraban azorados, sin entender por qué gozaba tanto dentro de mi carro.
Nada, es que estaba recordando todos esos incidentes, mientras avanzaba muy lentamente entre una larga fila de vehículos, a solas con mi iPod y un corito que decía: “Paquito, Paquito, síguelo si puedes... ¡Allá tú!”.

25 feb. 2009

La maza, la rabia y el blog

En el País Vasco ha detonado un explosivo enfrentamiento con herramientas de la construcción y las comunicaciones. De un lado están los simpatizantes de la ETA y del otro los ciudadanos que han decidido darle la cara a las violentas acciones y la intolerancia de la organización terrorista.
Todo empezó cuando el joven vasco Emilio Gutiérrez, víctima del atentado del pasado lunes contra la Casa del Pueblo de Lazkao, destrozó a mazazos una ‘herriko taberna’ de la izquierda abertzale. Emilio acababa de pasar toda la noche a la intemperie y sin poder entrar en su casa, que fue destrozada por completo.
“No hay solución: ojo por ojo diente por diente, hijos de puta”, dijo cuando fue detenido. Después de destruir los cristales de la puerta y el mostrador, Emilio arremetió contra una televisión, un dispensador de cerveza, botellas, vasos y varios carteles de la izquierda abertzale. Según un reportaje de El País que relata lo sucedido en el pueblo de Guipúzcoa, “nadie recuerda en el País Vasco un gesto tan rotundo por parte de una víctima de ETA como respuesta a un atentado”.
Pero lo más curioso son las herramientas de comunicación usadas por cada bando a partir del suceso. Mientras los simpatizantes de la banda terrorista llenaron al pueblo de carteles, calificando a Emilio como “agresor fascista”, en la Internet se ha generado todo un movimiento de solidaridad con el joven. A través de las redes sociales y de minimensajes, se ha convocado a una colecta para recaudar el monto total de la multa que se le imponga a Emilio.
A través del blog Justiciero Lazkao (http://justicierolazkao.blogspot.com/) se recogen muestras de solidaridad y se ofrece un número de cuenta para que los internautas colaboren en la reconstrucción del domicilio afectado por el artefacto. El titular del reportaje de El País es “Una gota de ira en un mar de miedo”.
En uno de los más de cien comentarios que los lectores habían hecho apenas unas horas después de ser publicada, alguien proponía una corrección: “Perdón yo lo titularía: ‘Una gota de Justicia en un mar de miedo”.

17 feb. 2009

Boring Home

Cada vez son más las obras producidas por jóvenes creadores cubanos sin el auspicio de ninguna institución oficial. En Youtube hay colgados decenas de documentales que abordan una Cuba demasiado real e inadmisible para los que velan por la Cuba oficial.
El escritor Orlando Luis Pardo (La Habana, 1971) acaba de presentar su libro de cuentos Boring Home en el entorno de la fortaleza donde se celebra la Feria Internacional del Libro de La Habana. “No era un gesto para ganar protagonismo −declaró el escritor­−, tampoco era un gesto beligerante, era un gesto de paz”.
Según una nota publicada por Cubaencuentro, el joven narrador fue objeto de varias amenazas en los días previos al anunciado lanzamiento. Tanto su madre como él recibieron llamadas donde se les amenazaba de golpizas y hasta de violencia sexual. “Lenguaje del horror medieval”, aseguró Pardo.
Pero ni siquiera la advertencia de un vicepresidente del Instituto Cubano del Libro de que las posibles “consecuencias físicas” de la presentación del libro en La Cabaña se le “escapaban de las manos”, amedrentaron al escritor.
Cerca de 30 policías encubiertos (me imagino hasta la ropita que llevaban, los segurosos son tan predecibles) y varias cámaras acompañaron a Pardo y a un grupo de unas 80 personas entre los que sobresalían escritores, blogueros y corresponsales extranjeros.
Boring Home estaba en el plan editorial de Letras Cubanas, pero fue excluido sin que su autor recibiera notificación alguna. “Las editoriales no deben penalizar a los escritores por sus posturas, deben concentrarse en editar textos −dijo Pardo a Cubaencuentro−. Con gusto volvería a publicar en Letras Cubanas”, aclaro el escritor antes de advertir que su discurso en la presentación fue “inclusivo”, sin “marcar distancias entre escritura oficial y alternativa”.
Yoani Sánchez, autora del blog Generación Y, que también fue perseguida y amanezada en los días previos al lanzamiento, dijo a Cubaencuentro que durante la presentación se repartieron entre los asistentes algunos CDs con el texto del libro.
“Otros fueron escondidos en diferentes sitios dentro del recinto ferial, a modo de juego”, declaró Sánchez. Ante la imposibilidad de encontrar espacios sin censuras en las instituciones y organizaciones oficiales, los jóvenes creadores cubanos han decidido convertirse también en gestores culturales y asumir la promoción de sus propias obras.
Aunque el comandante Ramiro Valdés hace lo indecible por impedirlo, la Internet y las nuevas tecnologías son capaces de derribar hasta la más invulnerable muralla, en La Cabaña eso quedó probado.

La Jiribilla contraataca En la edición 406 de La Jiribilla, se le dedica un pequeño dossier a la presentación de Boring Home en la Feria Internacional del Libro de La Habana. Los tres tristes textos son acompañados por las fotos que tomaron los agentes de la Seguridad del Estado emplazados en el lugar.
Lo demás son los insultos de siempre, las maldiciones y los lugares comunes que ese libelo digital suele proferir en contra de los que están en contra. Los textos dan risa, tanto por su poder de fabulación como por sus “quejas y sugerencias” a la prensa extrajera acreditada en Cuba.
Sólo uno me apena y es el de Ernesto Pérez Chang. “Pardo Lazo: mucha publicidad mala y poca literatura buena” es algo que pudiera firmar cualquiera de esos jiribillos que ya están hundidos en el fango hasta la cintura, pero no Ernesto, quien sé como piensa y de cuya inteligencia tengo recuerdos muy gratos.
Cuando alguien a quien mi abuelo consideraba una buena persona hacía una canallada, Aurelio solía decir: “Nadie sabe lo que es capaz de hacer un hombre por llevarle un plato de comida a sus hijos”.
Ernesto no tiene hijos y, hasta donde llega mi conocimiento, la comida no está entre las cosas que se consiguen cuando uno decide embarrarse con un trabajo sucio para esa gente.

16 feb. 2009

Hasta el dosmilsiempre

El 54,36% de los venezolanos ha decidido otorgarle a Hugo Chávez el derecho a gobernarlos por el resto de su vida, la cual según él mismo ya lo ha decidido, será larga, muy larga. Un furibundo seguidor de Hugo, al ser entrevistado por El País, confesó que sólo ve a un hombre en el futuro de Venezuela. Cuando se le preguntó hasta cuándo, fue lo suficientemente explícito: “¡Hasta el dosmilsiempre!”.
De todas las metas que Fidel Castro se propuso hace 50 años, sólo ha cumplido una. No resolvió que los cubanos tuvieran una vivienda digna ni logró producir los alimentos indispensables. En materia de soberanía tampoco tuvo conquista alguna, pues ha dependido primero de Moscú y luego de Caracas como la colonia de Madrid y la república de Washington.
Hoy los cubanos son menos libres que nunca y dentro de su propio país tienen menos accesos que cualquier extranjero. Nadie que piense diferente tiene cabida en una sociedad donde “la calle es de los revolucionarios”. Hasta la potencialidad, la probabilidad, el quizás y el tal vez han sido convertidos en delito, de manera que no sólo no se puede hacer sino que tampoco se puede imaginar.
Los cubanos de hoy no disfrutan de servicios decentes ni siquiera en la salud y la educación, que otrora fueron dos estandartes del fidelismo. Década a década la sociedad cubana se ha ido corrompiendo y autodestruyendo hasta quedar reducida a un paisaje muy parecido al que deja una batalla, sólo que allí no ha ocurrido una.
La permanencia en el poder, esa ha sido la única meta que Fidel Castro puede asegurar que ha cumplido sin ningún temor al yerro. Cualquier otra cifra, pone al medio siglo de revolución en ridículo frente al medio siglo de república. El aspecto de superficie lunar que tiene hoy la nación cubana es un avance de lo que será la Venezuela chavista.
De los cubanos ya han aprendido los venezolanos seguidores de Hugo Chávez a construir una revolución. Dentro de una década o dos, si es que el mandatario se sale con las suyas, podrán aprender a sobrevivir entre las ruinas. A eso también enseña el socialismo cuando se instaura.

15 feb. 2009

United Colors

Por estos días, a propósito del ascenso de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos, muchos cubanos han opinado sobre el tema del racismo. Pablo Milanés, por ejemplo, alabó las conquistas sociales que han tenido los afroamericanos en los últimos cincuenta años y lamentó que en su patria, después de medio siglo de revolución, los negros sigan siendo discriminados.
Recuerdo que en Manicaragua, donde vivía mi padre, había un liceo para blancos y una sociedad de color. A principios de los años sesenta convirtieron al primero en un círculo social (para todos los colores) y a la segunda en la sede de la autoridad forestal. Pero el hecho de que desaparecieran los “templos” de la discriminación en el pueblo, no impidió que la gente mantuviera intacta su actitud racista.
Conozco muchísimas historias tristes sobre eso, pero prefiero recordar dos de las que tienen un final feliz. Allá por los años noventa, en un lujoso apartamento del Vedado, el padre de una rubita adolescente cerraba los ojos horrorizado cada vez que pensaba en la posibilidad de que su hija saliera embarazada de un negro. “¿Tú te imaginas que yo me vea con ese bicho caminándome por encima?”, decía refiriéndose a su nieto, en el hipotético caso de que no fuera blanco.
Cada vez que repetía esa frase, movía los dedos de las manos como si fueran las patas de un arácnido. Aunque fuera mulato, no se lo imaginaba con gestos humanos, siempre lo representaba como un insecto. La historia acabó como acaba aquella inolvidable canción de Rubén Blades. Me imagino que ama a su nieta y que cuando la carga ya no recuerda su viejo chiste.
Supongo que el amor pudo más que el hecho de que, en efecto, es hija de un negro. Tengo un familiar lejano, muy lejano, que cuando llegó a República Dominicana lamentó que en este país apenas hubiera blancas. “A mí las negras me parecen animales”, sentenció inapelable. No sé si en verdad cambió su percepción o si fue la necesidad quien al final le dobló el brazo al gusto. Pero su futuro hijo será el primer negro de mi familia.

13 feb. 2009

Chile, depende

Recuerdo perfectamente la noche que cerraron las Grandes Alamedas y ardió el Palacio de La Moneda. Todo aquello, al menos para mí, sucedió en el Hospital Militar de La Habana. A mi padre acababan de operarlo de una hernia discal y yo apenas tenía 6 años. Aún retengo la frase exacta de mi tío Cipriano: “Se salvaron los chilenos”.
Por años odié aquellas palabras. No entendía cómo alguien tan humano como mi tío marinero, que amaba al puerto de Antofagasta (nunca supe las razones) y al corazón de Pablo Neruda, podía “alegrarse” de un golpe de estado que había desembocado en la masacre de una generación con todos sus ideales incluidos. Durante mis años de estudiante, cada vez que Silvio le cantaba a Santiago de Chile o Pablo prometía pisar las calles nuevamente, yo hacía el coro conmovido, pidiendo para otros (sin querer, sin saber) lo que yo más necesitaba.
En la escuela de arte de Cubanacán me enamoré de una chilena y fue ella quien empezó a explicarme todo. Luego, poco antes de morir de un infarto masivo, mi tío Cipriano volvió a hablar del asunto en mi presencia: “Pinochet mató a mucha gente, pero le dejó a los chilenos la mejor economía de América.
Fidel no mató a tantos, pero nos va a dejar en la miseria”, dijo y se empinó una botella de un ron indescifrable. La otra frase que recuerdo de Chile, un país del que he bebido ya mucho, tanto literaria como etílicamente, es de Roque Dalton. El gran poeta salvadoreño, a propósito de la actitud de un chileno, tan inexplicable como la que acaba de tener Michelle Bachelet, dijo: “Cuba sí, yanquis también... Chile, depende”.

10 feb. 2009

El último tramo del asta

Cuando era pionero hacía todo lo posible por ser elegido para izar la bandera. Recuerdo que, en el patio de la escuela Conrado Benítez del Paradero de Camarones, siempre me ponía a la vista del maestro Gustavo a la hora del matutino. Eso aumentaba considerablemente las probabilidades de que su dedo apuntara hacía mí a la hora de elegir quién ataría la desteñida insignia de la raída soga.
Cuando el nudo que asía a la bandera chocaba con la roldana que había en la punta del asta, había que retroceder una cuarta. Según el maestro Gustavo, ese tramo equivalía al pedazo de tierra cubana que Estados Unidos ocupaba ilegalmente. En diez pulgadas de un tubo galvanizado se representaban las aguas divididas de una bahía y el rompecabezas incompleto de un país.
Al denunciar la burda maniobra de Fidel Castro de usar a la base naval de Guantánamo como un pretexto para continuar porfiando con Estados Unidos y evitar cualquier acercamiento, justo ahora que en la política de ese país se ha producido un cambio tan esperanzador, no quiere decir que yo no esté de acuerdo con la devolución a Cuba de ese territorio.
Yo quisiera izar la bandera hasta el final del asta, pero con la seguridad de que todas las pulgadas del tubo serán de verdad de todos los cubanos, desde abajo hasta arriba.

Aguas territoriales

Hace unos días, cuando escribí el post Puestos a elegir, donde comentaba la ilusoria idea de Fidel (o de quien escribe a nombre del fantasmagórico líder) de que los cubanos claman a toda hora por la devolución de la Base Naval de Guantánamo, un guantanamero residente en Santo Domingo puso un comentario al que quisiera referirme.
“Estados Unidos (...) debe entender que ese territorio pertenece a Cuba, que los cubanos, y particularmente los guantanameros, no queremos esa maldita base militar en la puerta de nuestra bahía”, dice Dedalus (esa es su firma). Por un texto que escribió luego en su blog A Orillas del Guaso, se denota que Dedalus es muy joven (eso justifica también su pomposo seudónimo).
Yo, que pasé la mitad de mi vida muy cerca de dos bahías, la de Cienfuegos y la de La Habana, no estoy muy seguro de que los que habitan esas ciudades puedan disponer de sus aguas territoriales. En la de Cienfuegos había una base de submarinos soviéticos y gran parte de sus costas eran inaccesibles (por otras razones lo siguen siendo).
Los que se ven obligados a cruzar la estrecha bahía de La Habana en una lancha, tienen que someterse a más chequeos que en un aeropuerto. La requisa dura más que el viaje. Los cubanos tampoco tienen acceso a los pedraplenes que se construyeron en Caibarién y Morón ni a las mejores playas de su país. Todo su territorio al final es un gran cercado del que disfruta cualquiera menos ellos.
Hace unos días un amigo me ponía varios ejemplos de cómo muchos de nosotros repetimos de manera inconsciente los mismos clichés del discurso de Fidel. Dedalus es un ejemplo de ello. Todo lo que él necesita es que Estado Unidos le devuelva un pedacito de bahía o los que le quitaron a él la isla entera.

6 feb. 2009

El viaje

Hace 48 horas, tras hacerse pública la noticia de la muerte de Papito Serguera, el perseguidor más temido por los intelectuales cubanos, yo les preguntaba (sobre todo a los que participaron en aquella guerra chiquita de emails contra el infausto personaje) si ya se sentían un tilín más libres, si esa defunción les dejaba la vía expedita para expresarse sin miedos.
De ser así, ya tienen una excelente oportunidad para empezar a comportarse como individuos que de verdad quieren pensar el futuro de su país. Hoy el Comandante en Jefe (o la mano que mece su cuna) ha publicado una reflexión donde se queja de que Obama sigue sin mencionar el derecho de los ciudadanos norteamericanos de viajar a Cuba.
Si el miedo al fantasma de Papito Serguera era lo que los obligaba a hacer silencio, me imagino que ya pueden preguntarle abiertamente a Fidel (o al ente que lo usa como heterónimo) por qué él no habla primero del derecho a viajar de sus compatriotas. Se supone que su prioridad deben ser los once millones de cubanos que él gobierna. Una vez atendido eso, podría continuar con su política injerencista hacia Estados Unidos.
¿No les parece un buen punto?

4 feb. 2009

Sin Papito

Papito Serguera ha muerto. El Granma, al dar la noticia, resume en cinco párrafos la hoja de vida del combatiente revolucionario. En la nota se destacan, sobre todas las cosas, sus valerosas acciones durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. Lo que hizo a partir de enero de 1959 cabe en tres oraciones breves, siempre acotadas por un punto y seguido.
“Al triunfo de la Revolución fue ascendido al grado de Comandante. Desempeñó tareas en los Tribunales Revolucionarios, en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y en el Partido, en la provincia de Matanzas. Cumplió otras funciones tanto en el país como en el exterior”, dice el diario. En el cumplimiento de “otras funciones” fue que Serguera se ganó el desprecio de una buena parte de los intelectuales y artistas cubanos.
Por eso es que los sobrevivientes de sus persecuciones y “algún que otro brioso nuevo pino” reaccionaron con inusual alarma cuando volvieron a encontrarse con el rostro del personaje. Ya Papito no está más. Su cadáver, atendiendo su voluntad, ha sido cremado. Me pregunto si a partir de ahora el actual quinquenio empezará a ser menos gris de lo que fue hasta hoy. Les pregunto a todos los que protestaron si se sienten un tilín más libres.

3 feb. 2009

Se canta... y se llora

Hugo Chávez ha decretado que toda Venezuela celebre sus diez años en el poder. A él, como a casi todos los tiranorevolucionarios, el ego no le cabe en el uniforme y se ve forzado a repartirlo a partes iguales entre la masa que gobierna. Diez años después, Hugo ya es la caricatura de aquel Chávez que encantó serpientes por toda América Latina.
Recuerdo que hace unos años, aquí en Santo Domingo, en una velada de velados pequeños burgueses (de esos que cuando beben whisky de malta destilan añoranza por los tiempos en que luchaban contra todo lo que ellos acabaron siendo), se defendía a Hugo Chávez con pasión y convicción.
Era un pequeño jardín en forma de rectángulo y todos los que estaban ahí adentro alababan con entusiasmo el Socialismo del Siglo XXI; todos menos dos cubanos, que conocíamos en carne propia (y sin poder comer la de ningún otro animal) tan eufórica estafa. Me gustaría saber qué piensan aquellos señores de lo que ha resultado ser su prospecto de líder continental. Hugo Chávez se canta a sí mismo... y se llora.
No olviden que no paró de sollozar durante las horas que duró el golpe de estado. No sé si es del todo cierto, pero según los soldados que lo retuvieron, no había quién aguantara el olor a mierda en aquella celda.