29 abr. 2009

Hombres mirando al nordeste

Es probable que sólo lleguemos a saber su nombre de pila: Pánfilo. Él mismo se presenta, aunque en un momento alguien que no se ve le llama “Papi”. Quizá esos sean los únicos datos que logremos. Tampoco queda claro quién filmaba el video y cómo sacrificó su propósito original para cederle todo el protagonismo a ese personaje que, en cuestión de días, ha hecho que millones de cubanos lloren de la risa... y de la rabia.
Gracias a Youtube y el Facebook, Pánfilo se ha convertido en un héroe nacional. Tanta es su celebridad, que ya ha merecido un post del Guamá y todos se envían y reenvían el link de su video, demostrando, entre carcajadas y lágrimas, la eficacia de la teoría de los escasos seis pasos que nos separan en la Web 2.0. El grito de guerra de Pánfilo, “¡Jama!”, será recordado como uno de los primeros que se universalizó en el imaginario popular cubano a través de la red de redes.
Aún en el Palacio de la Revolución no ha encontrado la manera de responderle a Barack Omaba su propuesta de tirar un cable al agua para que todos los cubanos tengan acceso a Internet, pero la velocidad con la que se ha difundido ese pequeño video es la evidencia de que ya no hay forma de evitar que una multitud cada vez mayor mire al nordeste.
(Este post se acababa en ese punto y aparte. Pero Jorge Luis García me ha enviado desde México una versión en reguetón de “¡Jama!”. Admito que aquí se me hace difícil decidir quién supera a quién, entre realidad y ficción).

27 abr. 2009

República Democrática de Cuba

La Erredecé, así le llamaríamos en una semana, si nos atenemos a nuestra fascinación por las siglas. Waldo Acebo Meireles comenta hoy en Cubaencuentro una idea del periodista estadounidense Patrick Symmes: “Entregarle la Base Naval de Guantánamo a los cubanos del exilio”.
Crear un minúsculo país, próspero y soberano, en un rincón de la Isla en ruinas y sometida. Según Acebo Meireles, Symmes propone retirar las tropas y abrir una zona de libre comercio, sin impuestos, a la que todos los cubanos tengan acceso. Ese oasis fiscal favorecería que algunos empresarios cubanos del exilio “construyan viviendas, abran negocios y pequeñas industrias, empleen a cubanos de la Isla y, quizás, establezcan instituciones políticas”.
Más allá de si la idea es disparatada, ingenua o lo que sea, prefiero imaginarme la discusión entre los intelectuales más patrioteros de si el himno nacional de esa porción de tierra debería ser “La Bayamesa” o “La Guantanamera”. Con toda seguridad ellos preferirán discutir si la bandera debe tener una o dos estrellas, cualquier bobería lo más alejada posible de las verdaderas prioridades de la minúscula nación.
La Erredecé, así le llamaremos en una semana, aunque en la vida real nunca exista.

26 abr. 2009

Recato moral

Conozco a un escritor dominicano que cuando estamos solos sustituye la palabra revolución por la palabra dictadura para referirse a Cuba. Como mantiene un importante espacio en la prensa de su país, un día le pedí que escribiera todas las cosas que me dice del mío.
“¡Imposible! —me dijo casi espantado—. Eso yo te lo digo a ti, pero no puedo admitirlo en público”. Hace unos nueve años, en Bogotá, conocí de cerca a uno de los más importantes líderes de la izquierda colombiana. Era el día de mi cumpleaños y él propuso celebrarlo en su casa.
Después de tocar algo de Silvio en la guitarra, bajó la cabeza: “Voy a decir algo que nunca digo en voz alta —su tono era amenazante, dejaba bien claro que nadie podría repetir lo que oyera—. Fidel fue un prócer, pero ahora es un vulgar tirano”. Los cubanos que andamos desperdigados por el mundo, sea donde sea, estamos expuestos al discursito (a veces nostálgico, a veces ridículo y casi siempre ofensivo) de los devotos de la revolución.
Muchos de ellos ya admiten que el proyecto es inviable y dejará al país en ruinas, pero aún así insisten en que es importante que se resista todo lo que se pueda resistir. “Sé que al pueblo se lo está llevando el diablo —me dijo un día mi amigo dominicano—, pero yo no puedo salir ahora hablando mal de Fidel, no me pega...”.
Como él hay miles, pero nunca tantos como los 11 millones de cubanos que al final pagan las consecuencias de su recato moral.

25 abr. 2009

La isla vacía

El dominó demográfico de Cuba se está trancando y su población continúa decreciendo. La agencia Prensa Latina corrobora los datos con un reporte de la Oficina Nacional de Estadísticas. En 2008 el número de inquilinos de la isla disminuyó en casi 700,000, por lo que su cifra total ahora se redujo a 11.236.99. Si ese reporte fuera sobre alguna especie animal, el titular sería más drástico: “se extingue el cubano de Cuba”.
Sin embargo, Prensa Latina trata de restarle importancia al hecho asegurando que guarda relación con el “sostenido envejecimiento de la población”. Cerca de dos millones de cubanos superan los 60 años de edad. Dicho de otra manera, en el país cada vez hay más ancianos y menos niños.
Según el cable, en toda la historia de Cuba apenas hay dos momentos en que su población decreció: en 1899, tras acabar la guerra de independencia de España, y en 1980 cuando, después de un incidente en la embajada del Perú, más de 125.000 cubanos emigraron por el puerto del Mariel.
Si el inmovilismo político persiste y la crisis económica continúa agudizándose, la isla no sólo quedará completamente en ruinas, es muy probable que también se quede vacía.

23 abr. 2009

El olor de La Habana

Una habanera que aún vive en su ciudad y la respira todos los días, protestó por el texto donde digo que el olor del gas me recuerda a La Habana. “Tengo una amiga que trabaja fabricando perfumes. Yo muchas veces me pongo a tontear con ella y mezclamos olores para ver en qué resultan.
Estamos empeñadas en encontrar el olor de La Habana”, me confesó ayer, en un mensaje que dejó en una de las ventanas del Facebook. “No estoy de acuerdo contigo en que La Habana huele a gas de la calle, aunque de vez en cuando explote alguna cañería. Lo cierto es que mi amiga y yo no nos ponemos de acuerdo.
Para ella La Habana es marina y fresca, para mí es caliente y sensual, para ella huele a hierba cortada, para mí huele más a café recién colado y a canela encima del arroz con leche”, asegura. “En fin, que, como buenas brujas en medio de un aquelarre, comenzamos a juntar pociones y fuimos probando. Al final, encontramos algo que nos gustó a las dos. Eso es lo que te quiero mandar. No es un perfume, es un aceite esencial, sólo para ponérselo en el pliegue de la muñeca y olerlo de vez en cuando”, me advierte.
Acepto el envío y prometo que llevaré el olor de La Habana como un reloj, asido a la muñeca. Aunque es inútil esperar que anuncie la hora de volver, al menos me aliviará en algo. Espero que muchos lugares reaparezcan cuando levante el brazo y respire hondo. Eso es lo que le pido siempre de los olores: que me devuelvan los lugares y la gente que perdí de vista, las cosas que deseo.

20 abr. 2009

Contrapunteo cubano del pasado y el futuro

Ayer en la noche coincidimos un grupo de cubanos alrededor de un postre y un café (le pido perdón a los que se sintieron ofendidos cuando yo no reconocí dos de aquellos manjares que, según ellos, eran signos de identidad del cubano. Lo siento, nací y crecí en la época del masareal y el polvorón. No alcancé a vivir en una patria con semejante nivel de elaboración en su dulzura).
Mientras repasábamos los últimos acontecimientos, todos coincidimos (sí, sí, hubo unanimidad en eso) en que la reflexión de Fidel de hoy era clave, porque de alguna manera tenía que devolver todas las pelota que Barack Obama había dejado su cancha. Pero, desafortunadamente, no hay nada nuevo en el texto que ha publicado por Granma hoy.
Sólo recorto y pego una frase que Fidel le envía al presidente de Estados Unidos. Aunque si se lee bien, el principal destinatario de ella podría ser él mismo, es algo que cualquier cubano podría reclamarle: “Deseo recordarle un principio ético elemental relacionado con Cuba: cualquier injusticia, cualquier crimen, en cualquier época no tiene excusa alguna para perdurar”.
Frente a ese pasado obtuso que representa hoy el Comandante en Jefe, recorto otra frase, publicada en Cubaencuentro. En la primera respuesta de una larga entrevista, Tania Bruguera habla en términos mucho más productivos: “Es totalmente aburrido, patético y políticamente peligroso que los que están a cargo de ese futuro, hagan lo mismo: a quien cuestiona la Revolución, se le define como enemigo, que no tiene valor, y se le realiza una campaña de desmoralización popular, y su inteligencia se convierte en mediocridad cultivada por el enemigo extranjero”, dice al hablar de un lado.
“Y que cuando uno reconozca cosas buenas de la Revolución, se le tilde de integrante de la Seguridad del Estado. Esta intolerancia no es productiva y, mientras siga, no habrá manera de intervenir en el proceso político de Cuba. Ninguna de las dos partes ha creado un lenguaje nuevo, ni están dispuestas a poner a un lado el dolor y pensar en un futuro de borrón y cuenta nueva, ni a inventarse un espacio con respeto para el otro, crear un puente donde esa fluidez nos haga sentir orgullosos”, dice respecto al otro.
Las palabras de Tania confirman algo que hablamos anoche. Es inadmisible que en este momento sólo cuente la voz de un cubano, tienen que hablar todos.

19 abr. 2009

Auténticos decadentes

Los líderes del “socialismo del siglo XXI” (Hugo Chávez, Daniel Ortega, Rafael Correa y Evo Morales) se presentaron en la V Cumbre de las Américas con esa arenga caduca y redundante que dejan por donde quiera que pasan.
Esta vez, para colmo, llevaban una dama de compañía (Cristina Fernández de Kirchner) cuyo discurso fue tan abigarrado como su maquillaje. Tan anquilosada se ha quedado esa ala de la izquierda latinoamericana, que ahora es el gobierno de Estados Unidos quien tiene las concepciones más progresistas en el hemisferio.
Frente al anticuado radicalismo y el afán de confrontación de los líderes de Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, cada frase de Barack Obama fue un alivio. Como era de esperarse, la voz cantante en el bando reaccionario la llevó Hugo Chávez, quien no contento con todas las boberías que había dicho, le regaló a Barack un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, un libro escrito por Eduardo Galeano en 1971 y que ya hasta su autor debe estar conciente de su poca vigencia.
“Pensé que sería uno de los libros de Chávez. Le iba a dar uno de los míos a cambio”, comentó el Presidente norteamericano. “Yo no viene aquí a discutir del pasado, yo vine a pensar en el futuro”, dijo Obama al principio de su discurso. Esa frase provocó una ovación casi unánime. Sólo los líderes del “socialismo del siglo XXI” y su dama de compañía se abstuvieron de participar.
Es comprensible, sería una inconsecuencia que lo hicieran. En el futuro al que se refiere Obama no hay lugar para auténticos decadentes. Ellos lo saben.

18 abr. 2009

Rudimentario

Si a mí se me ocurriera al menos una de aquellas cosas
que decía Winston cuando se escondía del mundo
y se empinaba una botella de Black Label.
Si tuviera el valor de decir una frase osada,
algo así como la que dijo Neil cuando se elevó
y le puso una bota en la cara a la Luna.

Si yo tuviera el ingenio de aquel poeta
que se pudrió en una ciudad donde nada se podría.
Si yo fuera lúcido y mordaz,
como aquel muchacho que se abría paso
en el verano de La Habana,
ataviado con un paraguas que se robó
de la foto de un viejo lúcido y mordaz.

Si yo fuera capaz de entonar algo,
de hacer lo que hace Andrés
cuando se lanza de cabeza
contra el sentido de la corriente.
Si yo fuera cualquier individuo
que no sea el guajiro que soy,
ahora te diría todo lo que quiero decir
de un modo menos rudimentario.

16 abr. 2009

Es eso, es eso

En los últimos días he rescatado, gracias al Facebook, muchísimas cosas que ya creía olvidadas, perdidas. Uno a uno, han ido reapareciendo buena parte de los seres que me rodearon y quise en la Escuela Nacional de Arte, allá en La Habana de los años ochenta del siglo pasado.
París, Guadalajara, Berlín, Miami, Buenos Aires, Hermosillo, Valencia... En cualquier punto que se pueda señalar en el mapa, hay uno de nosotros desperdigado, tratando de sobrevivir con toda aquella nostalgia acuestas. Casi ninguno dice lo que hace. A pocos les interesa el día a día de los demás.
Lo que sucede ahora en Francia, México, Argentina o España no nos incumbe. Joel, Salvador, Ania, Eloy, Jorge Luis, Audry, Wichy y Lozano, entre ya no sé cuántos más, lo que más disfrutan es volver a contar aquellas escenas que sucedieron a lo largo de cinco imborrables años, entre los matorrales del Country Club, las cúpulas de las aulas, el eco de los ladrillos y el hedor del río Quibú.
No es que ninguno tenga problemas con el presente ni que le tema al futuro. Cada quien, incluso, parece a gusto en el entorno que habita. Por lo que leo y por mi propia experiencia, la añoranza ni siquiera se ha convertido en un círculo vicioso del que no se pueda salir. Todo lo contrario. Es sólo que ninguno se atreve a deshacerse de aquella época en que fuimos tan comemierdamente dichosos.
Es eso, es eso.

15 abr. 2009

Dos puertas de entrada y una de salida

Para volver a La Habana abres la hornilla de gas.
Una vez que ese olor se le impregna a las cosas
ya puedes decir que estás de regreso.
Eso era lo que respirabas en la calle Obispo
(con una pizza o una novela rusa entre las manos),
en el inmenso pasillo gris de tu casa
o en el túnel de laureles por el que pasa la calle 11.

Para quedarte en el Paradero de Camarones,
repites la canción que se acaba con un tren pasando
(no, no es esa que te imaginas sino otra,
hablo de un blues y de una noche cualquiera
en un pueblo cualquiera a orillas del Mississippi).
Lo demás se resuelve con todas las cosas
que a Lérida le vienen a la cabeza
si te quitas la camisa en una corriente de aire.

Para irte de Cuba cierras los ojos y te tapas la boca
(en este caso lo mejor es que no haya música,
es preferible evitar cualquier cosa
que te obligue a retroceder).
Eso te libera de lo que va a suceder en tu ausencia
y te excusa en el momento en que empiece a llover
o se extinga lo único por lo que de verdad
tenías deseos de quedarte.

14 abr. 2009

Raya roja

Ya todos los cubanos que viven en Estados Unidos podrán viajar a Cuba, falta saber ahora a cuántos de ellos se les permitirá la entrada en su patria. Ninguno de los líderes latinoamericanos que le han pedido a Barack Obama que levante las sanciones a la Isla, le ha dicho a Fidel (porque al final es a Fidel a quien hay que remitirse) que él también tiene que ceder.
Los cubanos son los únicos ciudadanos en el mundo que necesitan de una visa para entrar a su propio país. No sólo se les impide viajar, también tienen restricciones a la hora de volver. Esa raya roja que hay en el aeropuerto José Martí, infranqueable en ambas direcciones por una inmensa mayoría de mis compatriotas, es la mayor afrenta que se le pueda hacer al ideario del Apóstol.
Desde 1902 hasta la fecha, ningún gobierno de Cuba ha despreciado más a su pueblo que la dictadura de Fidel Castro, nunca los cubanos fueron menos ni tuvieron tan poco. Alguna vez José Martí dijo que “la libertad es el derecho que tiene todo hombre a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”. Ojalá que todos los que intercedan por el futuro de Cuba lo hagan con esa premisa. Más honestidad, menos hipocresía.

13 abr. 2009

El coronel no tiene quien lo explique

Gracias al afán de esos cubanos que, enfermos de melancolía, han ido colgando nuestra memoria colectiva en Youtube, paso horas volviendo a ver todas esas cosas que deberíamos haber olvidado. Retazos de San Nicolás del Peladero, Detrás de la Fachada, Para Bailar, Meridiano, Juntos a las Nueve y Listo Estudio vuelven a suceder, como si quisieran demostrar que dentro de Cuba el tiempo es en verdad inamovible.
Por esos vericuetos de la nostalgia di con casi todos los episodios de Elpidio Valdés. Mientras van sucediendo las historias, cuadro a cuadro, repito en voz baja cada sonido y cada frase. Luego, mientras pasan los créditos, tarareo la balada de Silvio con el mismo ímpetu que lo hacía en la primera fila de asientos del cine Justo, allá en el Paradero de Camarones.
A veces tengo deseos de compartir con algunos amigos dominicanos toda la alegría que me producen esos hallazgos, pero me he dado cuenta de que son intraducibles. Nadie más que nosotros entiende esa realidad y descifra esas claves. A partir de 1959 Cuba se convirtió en una isla de verdad y nosotros fuimos once millones de robinsones encerrados allá dentro.
Por más que lo explique nadie entenderá nada. Por eso cuando el coronel Valdés ordena el toque a degüello, yo cargo con él, en un caballo muy parecido a Palmiche, y me pierdo en ese combate que libramos día a día para no perder las únicas pertenencias que conservamos de todo aquello.

8 abr. 2009

Tres de cada tres

Sobre las destituciones de Felipe Pérez Roque y Carlos Lage se tejieron todo tipo de conjeturas. El vacío de información que siempre crea el Gobierno cubano en este tipo de situaciones, fue rellenado con elucubraciones y sospechas. Aunque algunas versiones rozaron el delirio, todo parece indicar que en el fondo no eran tan descabelladas como suponíamos.
Según un reportaje publicado en El Correo Digital, un amigo de infancia de Carlos Lage resultó ser un espía de la inteligencia española y la causa de su desgracia. Conrado Hernández grabó en su finca de Matanzas, entre datas de dominó y tragos de ron, conversaciones de Lage con Felipe Pérez Roque.
Según El Correo Digital, en esas cintas se les oye criticar al régimen. “Al parecer, las conversaciones que habría grabado a Lage y Pérez Roque podrían contener duras críticas al régimen e, incluso, bromas sobre Fidel Castro acerca de su edad y enfermedad, y sobre su hermano Raúl, presidente del país, de quien dudaban de sus capacidades al frente del Gobierno. Además, los dos altos funcionarios se presentarían como cabezas visibles de un supuesto cambio político que decían tener controlado”, dice el reportaje.
Con ellos de este lado, ya no queda nadie del otro: tres de cada tres cubanos piensan exactamente lo mismo.

5 abr. 2009

Tiempo perdido

El País publica hoy una entrevista que Pablo Ordaz le hizo a Clara Rojas, quien fue capturada por las FARC junto a Ingrid Betancourt y estuvo seis años cautiva en la selva. La abogada colombiana resume todo ese tiempo que estuvo a merced de los guerrilleros con las palabras precisas, sin adjetivos ni metáforas.
Cuando Clara Rojas cuenta cómo los guerrilleros le apuntaban con sus fusiles a los rehenes y los amenazaban de muerte si el ejército intentaba rescatarlos, el periodista le pregunta si fue eso lo más duro de sus seis años de cautiverio. “No”, respondió tajante. Para ella lo peor fue “la sensación de tiempo perdido”.
A pesar de que llegó a tener “un candado en el tobillo con una cadena de unos tres metros amarrada a un árbol”, ninguna vicisitud ni tortura le llegó a parecer más grave que verse “forzada a una inactividad insoportable”. “El cautivo es despojado bruscamente de todo. Pierde por completo el control de su propia vida y de todo lo que le rodea. Se encuentra solo frente a sí mismo, sin nada más”, dice.
La mayoría de los cubanos que logran abandonar la Isla, traen consigo una certeza muy parecida. Tengan la edad que tengan, se culpan a sí mismos por haber desperdiciado tanto tiempo. Casi todos dicen la misma frase, palabras más, palabras menos: “Debí haber hecho esto mucho antes, ahora ya estoy viejo”.
He oído eso en gente que no pasa de los 40 años. Bertrand Russell decía que cuando uno disfruta perder el tiempo, no está perdiendo el tiempo. El problema empieza cuando es otro el que te obliga a hacerlo.

2 abr. 2009

Una cuestión de taste

Tardé muchos años en entender algunos sabores y ya puedo identificar algún que otro olor, de una manera muy superficial, pero lo logro. El sabor corrugado del gofio con azúcar prieta, los efluvios del picadillo de soya y el tufo abrasivo del ron a granel, entre dos o tres sabores primarios más, devastaron mi paladar y aniquilaron mi olfato.
Poco a poco, y gracias al afán de algunos amigos (creo que Freddy, Soraya, Mayitín y Mario se llevan el mayor crédito), aprendí a distinguir cosas muy elementales. Así, el jamón dejó de ser jamón a secas y empezó a tener sabores y texturas muy diferentes. El queso dejó de ser una palabra escrita en singular y, una vez en plural, se convirtió en algo que podía señalarse en un mapa.
En 1993, cuando regresaba a La Habana de mi primer viaje al extranjero, me dio un ataque de pánico cuando descubrí que me quedaban algunas pesetas en el bolsillo (entonces aún estaba penada la tenencia de monedas foráneas). Llamé a la azafata de Iberia y le pedí una botella de whisky.
Ese fue mi primer single malt, aunque muchos años después fue que entendí en qué consistía esa nota aclaratoria. Hace unos días, en un mentor de Black Label, Luis González Ruisanchez y yo recordamos aquellos tiempos en que una botella de Johnnie Walker era para nosotros un anuncio insaboro en una revista del extranjero.
Hoy, por accidente, encontramos una presentación en Internet sobre la producción de ron en Cuba. El 35% es destinada al mercado internacional, el 1% es embotellada para el mercado nacional y el 64% es vendido a granel en toda la Isla.
­−¿Tú volverías a tomarte un trago de eso? −Le pregunté a Luis señalándole un tanque de plástico azul donde alguien hunde un jarro de aluminio.
−¡Coño, chico, no jodas, no me recuerdes eso! −respondió Luis, llevándose las dos manos a la garganta.

1 abr. 2009

Ni a las escupidas

Al cubano no le gusta perder ni a las escupidas. Pero desde hace 50 años, con el discurso patriotero y ultranacionalista de Fidel Castro, ese afán se ha elevado a la máxima potencia. He leído todo lo que se ha escrito dentro de la isla a propósito del Clásico Mundial (sí, ya sé, pero no pude evitarlo.
El béisbol para mí es como el single malt: puesto a elegir, lo prefiero antes que la salud de mi hígado). Todavía me parece increíble que hasta tipos coherentes y lúcidos, como es el caso de Aurelio Alonso, acaben dándole la razón a las irreflexiones que hizo Fidel durante la competencia.
¿Cómo es posible que todos se crean el cuento −o peor aún, se hagan los que se lo creyeron− de la crisis del béisbol de Grandes Ligas? En el primer párrafo de “¿Tiempos nuevos para el béisbol?”, Alonso asegura que aunque el béisbol nació en Estados Unidos a mediados del siglo XIX, ha “devenido ahora un deporte donde la excelencia parece que se ha convertido, por el momento, en patrimonio de los contendientes asiáticos”.
Ni siquiera él tuvo acceso a otras fuentes que no fueran el libelo oficial cubano o, en su defecto, La Jiribilla (les recomiendo sobre todo los textos del inefable Fidel Díaz, ¡no se pueden perder eso!). ¿Nadie se enteró dentro de Cuba que la mayoría de los equipos de Grandes Ligas se negaron a que sus estrellas participaran en el Clásico Mundial?
¿Nunca leyeron la serie de reportajes que se publicaron en ESPN sobre el enorme desinterés del público estadounidense por esa competencia? ¿No se los ocurrió comparar la asistencia de público a los partidos de la Liga de la Toronja con los del equipo de USA en el Clásico?
En la nómina de 849 jugadores que tendrá la temporada 2009 del Big Show, hay 603 norteamericanos, 98 dominicanos, 51 venezolanos, 28 puertorriqueños, 19 canadienses y sólo 13 japoneses (apenas aparecen 6 cubanos). Esas cifras hablan por sí solas. Una cosa es un análisis de la calidad del béisbol en el Clásico Mundial y otra, muy diferente, la del béisbol en el mundo.
Si se tratara de un campesino de Manicaragua (que no tiene Internet y le bloquean la señal de las emisoras extrajeras) podría considerarse una ingenuidad, pero en alguien que tiene acceso a todas la fuentes de información que precise, es, en el mejor de los casos, un oportunismo.
Cuando un cubano pierde se saca la excusa más tonta debajo de la manga para justificar la derrota. El asunto es convertir, a cualquier precio, el revés en victoria. Tanto en las escupidas como en la bobería, lo mejor es ser invencibles.