11 octubre 2010

Damaris Calderon manda un poema desde una estación en Temuco

Damaris Calderón es una poeta de Jagüey Grande, Matanzas, que se ha quedado a vivir y a escribir en Chile. Desde haces unos días, gracias a las estaciones que entrañables amigos han ido reconstruyendo en El Fogonero, converso con ella a través de las ventanas de Facebook.
Después de enviarme un viaje que empezaba y se acababa en el andén de su pueblo, Damaris me confesó que los trenes siempre pasan junto a ella. Para probarlo, adjuntó una foto donde camina por las vía de una estación en Temuco.
En un mensaje anterior, la autora de Guijarros me preguntaba de dónde había sacado yo la foto de la estación de Jagüey que ilustra su texto: “Me dieron ganas de llorar, ese no fue el que conocí, naturalmente, pero... es el mismo color desvaído, la misma negrura y el borrón pueblerino...”.
Justo después de esos tres puntos suspensivos me copió un poema suyo que reproduzco aquí. Damaris y yo somos de la misma edad. Nuestros viajes, sueños y desilusiones se parecen mucho y se entrelazan en las mismas vías férreas. Por eso, aún cuando hace tanto no nos vemos, siempre nos mandamos un abrazo así de grande.


La ventanilla de un tren corta
-no asesina-
corta impasible como un carnicero
las reses         el paisaje
lo que se va quedando atrás
y entra definitivo en el pasado.
Nada  más cruel   más plácido
que hacer señales desde una ventanilla
que pulir este vidrio inofensivo
(nadie se picará las venas).
Quizás del otro lado
alguien reanuda este diálogo mudo.
Pero no nos vemos
gracias a la eficacia del conductor
a la vertiginosidad del tren cuyo destino es moverse
moverse con su carga de pasajeros muertos
sorprendidos soñando en un vagón oscuro.
DAMARIS CALDERÓN (Jagüey Grande, 1967).

3 comentarios:

SENTADO EN EL AIRE Juan C Recio blog dijo...

Camilo, Damaris, trenes que pasan rigurosos por nuestras vidas. Que magia, que palabras, que poema, gracias

Camilo Venegas dijo...

Me hace muy feliz que usted esté de regreso. Se le extrañó mucho. Cuídese, compay, y no se olvide de que muchos los queremos mucho.

Margarita Garcia Alonso dijo...

Felicidad de leer a Damaris ; su foto es un poema, en la encrucijada de todos los fuegos, como deben estar los fogoneros con ese canto de viajera.

Para Damaris., por su estacion, la del campo maltrecha.
Condenados trenes, bufones de rutina
me adentran en el barranco de cabras.
 
La estación de tus ojos inerte,
sangrando hierro, peste a encierro.
 
Los vagones serpentean iracundos
a la noche extendida en los rieles,
a las culebras  que mordisquean mis entrañas.
 
La curva estremece el miedo, la lujuria,
 la estación de apenas una luz distante
como el agolpamiento de las piedras.

Me detengo en puebluchos moribundos,
atascada de bultos, junto a seres que escapan.
 
La ilusión muda la madrugada al montecillo de hachís:
mi país no me salva de la baraja del infierno,
tu rostro no será mi puerto,   la estación nunca fue hecha.
 
La niña de campo desata mi piedad: ella aun cree,
y mentirá un siglo que he pasado a la inmensidad.

besos a los tres