28 feb. 2011

Susan sigue caminando del brazo de Bob

Cuando se conocieron, en 1961, ella tenía 17 y el 20. Dos años después, aparecería en la portada de Freewheelin, uno de los discos más incorruptibles de Bob. Susan Suze Rotolo murió el pasado 24 de febrero. Tenía 67 años. Su rostro era la prueba irrefutable de que hasta las musas de Dylan envejecen.
Aunque apenas compartieron tres años de sus vidas, Susan inspiró a Bob como ninguna otra mujer. “Le di mi corazón, pero quería mi alma”, confiesa el cantautor en “Don't Think Twice, It's All Right”. Ni antes ni después Dylan escribió cosas tan  amargas. Cuando Rotolo se fue por seis mesas a Italia y lo dejó a solas con la guitarra, Bob que podía sentir amor o rencor como un ser común y corriente.
Los años sesenta del siglo pasado es una de las épocas que más iconos y fetiches ha producido en este mundo. Muchas imágenes de esa época son ahora objetos de culto. Pero muy pocas resumen mejor aquel espíritu liberador que esa donde Susan y Bob pasean por el medio del frío de Greenwich Village.
A pesar de que ya no está en este mundo, Susan sigue caminando del brazo de Bob. Si no me creen, oigan ahora mismo “Girl from the North Country”. Ni siquiera importaría que sea en la voz de Johnny Cash. De cualquier forma los verán pasar. Solos. Iluminados por esa rara luz que no deja morir a las cosas.

24 feb. 2011

El régimen cubano no le quiere contar al pueblo lo que pasa en Libia

El régimen de los hermanos Castro, que tiene el poder sobre todos los medios de comunicación en Cuba e impide el libre acceso a Internet, ha manipulado de una manera grosera las informaciones que le llegan a su pueblo sobre lo que ocurre en Libia. El colmo de los colmos es un reportaje del enviado especial de TeleSur, donde se asegura que la calma regresó a Tripolí después de la última alocución del dictador Muamar al Gadafi.
Mientras Libia arde por los cuatro costados y Gadafi se atrinchera para defender los últimos reductos de su tiranía, Granma tiene la desfachatez de asegurar hoy que la normalidad vuelve al país y que los seguidores del dictador han recuperado las calles. Del número de muertos, de los mercenarios africanos, de los aviones disparándole a la gente y de la masacre ordenada por Gadafi tampoco se dice nada.
En una apurada reflexión, donde de nuevo pone su antimperialismo por delante del más elemental sentido humanista, Fidel Castro le resta credibilidad a los cables, mensajes y hasta videos que se han difundido en Internet sobre los crímenes de Gadafi (en uno de ellos se ve un entierro colectivo de las víctimas en Trípoli), para desviar la atención sobre “los civiles indefensos que los aviones sin piloto yankis (…) matan todos los días en Afganistán y Pakistán”.
Hace dos días, investido por la bobería que caracteriza su obra reciente y todo lo que dice en su blog, Silvio Rodríguez hizo un llamado: “dueños de internet y presidente obama: ¡construyan una red satelital que dé internet gratuito al tercer mundo!” (no me atreví a poner las mayúsculas porque capaz que haya algún mensaje que no capto en tanta minúscula). Es patético que el trovador antiguo se vire para otro lado con tantas cosas que decir como tiene en sus narices.
Danza macabra de cinismo. Así le puso Fidel a su reflexión de hoy. Nada describe mejor las patrañas de su dictadura que esas cuatro palabritas.

23 feb. 2011

Con las barbas en remojo

Para Fidel Castro, su obsesión “antimperialista” está por encima del más elemental sentido humanitario. Eso lo hizo merecedor, en 1996, del Premio Gadafi de Derechos Humanos. Ayer, cuando los  aviones y helicópteros masacraban a los manifestantes en Libia (que ya eran reprimidos en tierra por mercenarios africanos), Fidel escondió las cifras de los muertos y apuntó para otro lado. Más que regalarle excusas a su viejo amigo, ensayaba las suyas.
“Una persona honesta estará siempre contra cualquier injusticia que se cometa con cualquier pueblo del mundo, y la peor de ellas, en este instante, sería guardar silencio ante el crimen que la OTAN se prepara a cometer contra el pueblo libio”, afirmó en su reflexión de ayer el dictador. Para el Comandante, la geopolítica está por encima de los crímenes y la barbarie.
Mientras Libia arde, las fuerzas represivas del régimen cubano no pierden tiempo. El primer aniversario de la muerte de Orlando Zapata Tamayo les ha dado alcance y, para impedir cualquier manifestación en las calles, han encerrado en sus propias casas a un gran número de disidentes y opositores pacíficos.
“No imagino al dirigente libio abandonando el país, eludiendo las responsabilidades que se le imputan, sean o no falsas en parte o en su totalidad”, subraya Fidel. Una vez más ensaya frases que pueden estar dichas dentro de muy poco por él o por su hermano, Raúl Castro, quien le sucedió al mando del régimen y tendrá la última palabra cuando llegue el momento de apretar el gatillo contra los cubanos.
Antes había espacio para reflexiones delirantes, ahora que las barbas están en remojo hay que calibrar el alcance de lo que se dice.

19 feb. 2011

¿Quién le teme a Reina Luisa Tamayo?

El régimen de los hermanos Castro le teme a Reina Luisa Tamayo. Por eso le ordenó a su policía secreta que la arrestaran y golpearan. Reina Luisa estaba desarmada, solo pudo usar su voz en defensa propia y eso amedrentó aún más a sus represores. Ellos saben que esa mujer es de la misma estirpe que su hijo, Orlando Zapata Tamayo, el negro albañil que prefirió morir de hambre antes que rendirse.
Cuando los esbirros de la Seguridad del Estado apresaron a Reina, ella les reclamaba que retiraran el cerco sobre Banes y dejaran entrar al pueblo a todos los cubanos que querían conmemorar, en la tumba de Orlando, el primer aniversario de su muerte. El pánico solo les permitió emprenderla a golpes contra ella y contra dos familiares suyos.
Hace unas semanas se filtró un video donde el policía Eduardo Fontes Suárez detalla, delante de un grupo de colegas, todos los temores del régimen cubano. Cuando Fontes termina su precaria exposición (es un hombre de pocas palabras, maneja un mínimo de vocablos), nos damos cuenta de que la dictadura le tiene terror al sentimiento de libertad que genera la Internet. Le produce pánico que los jóvenes se expresen sin que se pueda ejercer sobre ellos control alguno.
Reina Luisa Tamayo ha gritado libertad a mano limpia y eso les da aún más miedo. Para luchar contra la dictadura de Fulgencio Batista, el Movimiento 26 de Julio (que encabezaba Fidel Castro) se escudaba en las madres de los mártires, quienes marchaban en primera fila. Sabían que la policía batistiana sería incapaz de tocarlas. La policía castrista no maneja los mismos códigos de honor. Reina Luisa Tamayo lo supo ayer, mientras la pateaban y arrastraban.

17 feb. 2011

Leonardo Padura: El hombre que ama a Mantilla

Guillermo Cabrera Infante recordaba con orgullo que los habaneros llegaron a cambiar latas de leche condensada por sus libros. La novela más reciente de Leonardo Padura, El hombre que amaba los perros, fue robada de la imprenta donde se produjo y ahora se vende en la bolsa negra por una suma que equivale a varios artículos del kit de supervivencia de los cubanos: aceite, jabón, detergente...
He tenido innumerables discusiones sobre la obra de Padura. Todas han sido con escritores cubanos que acuden a los más absurdos pretextos para restarle valor a sus novelas. En la mayoría de los casos se trata de una envidia visceral. Padura ha logrado, encerrado en su mundo de Mantilla, lo que ningún otro novelista de la Isla en ninguna otra parte del mundo.
Nunca un novelista nacido en Cuba ha conectado mejor con los lectores de su país  que Leonardo Padura. Nótese que no he puesto fechas ni demarcaciones de ningún tipo a esa afirmación. La celebridad de Mario Conde, ese singular policía que ha devenido en vendedor de libros (no descarten que él también tenga algunos de los ejemplares robados de El hombre que amaba los perros), no la alcanzó antes ningún otro personaje de ficción en la Isla.
Hace unos días, un querido amigo que es muy exigente cuando de literatura cubana se trata, me llamó eufórico para decirme que acababa de terminar “la nueva novela de Padura”. Después de asegurarme que es lo mejor que ha leído en mucho tiempo, hizo una pausa. Cuando él hace ese tipo de silencio, es que quiere que nos preparemos para una de sus frases lapidarias: “Ahora, tigre, eso es el manifiesto anticomunista”.
Por eso me ha alegrado tanto que el ex diplomático Raúl Roa Kourí (quien es hijo del intelectual y político Raúl Roa, canciller por más de veinte años del régimen de Fidel Castro) también asegure que se trata de una obra excepcional. Los hechos que narra Padura, según Roa Kourí,  son un reflejo de la sociedad cubana actual, esa que él y su padre contribuyeron a engendrar.
Leonardo Padura ya trabaja en su próxima novela. Además del talento, al hombre que ama a Mantilla lo favorece una inconcebible disciplina. Como casi nadie hace nada, suele decirse que en Cuba lo único que sobra es el tiempo. Padura es una de las excepciones de esa regla y de muchas otras. Por eso ha logrado construir un territorio independiente donde habitan él, Lucía, sus perros y la gente de su barrio, esos individuos comunes y corrientes que tanto lo inspiran.

16 feb. 2011

Las nuevas palabras a los intelectuales

Ayer Fidel Castro se volvió a reunir con los intelectuales cubanos. La escenografía y algunos de los actores me hicieron recordar sus palabras en el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional en 1961. Aunque aquellos días de junio (16, 23 y 30) quedan a 49 años de distancia, son una prueba ineludible de que el 15 de febrero de 2011, al menos en mi país, también pertenece a un pasado remoto.
El Comandante de Palabras a los intelectuales era un joven iracundo, de completo verde oliva, que le pedía a los artistas que desarrollaran “hasta el máximo su esfuerzo creador”. El que habló ayer es un anciano balbuceante que ni siquiera leyendo puede evadir los disparates. En aquel momento el problema que se discutió fue “la libertad de los escritores y de los artistas para expresarse”. Lo que se habló ayer es muy difícil de precisar.
El dictador compartió dos grandes preocupaciones: la amenaza inminente del invierno nuclear y el alto número de norteamericanos que están expuestos a morir del corazón por ver anuncios en la televisión. Fruto del primer encuentro surgió una de las máximas que mejor desmiente el carácter libertario del fidelismo: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución nada”. De las nuevas palabras a los intelectuales no podemos sacar ni siquiera una idea en claro.
Llama poderosamente la atención que ayer los más ancianos fueron los que más entusiasmo exhibieron (hubo uno de pelo largo y cano que se salía de la butaca de tanto asentir con la cabeza). Justo los que sufrieron en carne propia las consecuencias del primer encuentro, ofrecían ahora sus pellejos para más sacrificios, con más devoción. Prueba de que Cuba, esa Cuba, es un país para viejos, un lugar donde nadie que quiera salir al futuro tiene cabida.

15 feb. 2011

Cuba Park, las ruinas como entretenimiento

Muchos amigos o recién conocidos me han dicho lo mismo: “Quiero conocer Cuba antes de que se muera Fidel, porque después no será lo mismo”. La segunda parte de la oración a veces varía, la primera casi nunca. En esencia todos comparten una misma tentación, andar La Habana como si disfrutaran de un parque temático.
Hace poco, una periodista española me hizo varias interrogantes. Una de ellas me agarró desprevenido: “¿Es cierto todo lo que se cuenta de los cubanos?”. Como la pregunta era tan abierta, decidí cerrarla lo más que pude en el menor tiempo posible. Al final descubrí que su inquietud era muy parecida a la de los otros. A ella también le resultaba increíble todo lo que había escuchado sobre nuestra capacidad de aguante.  
Enumerándolas con sus dedos, me hizo una lista de las cosas que hacían de Cuba un país irreal, fantasmagórico: Una ciudad que sus propios urbanistas han declarado en “estática milagrosa” (ni ellos mismos se explican cómo sigue en pie). Un país tropical que es incapaz de producir los alimentos básicos para su gente. Una industria que se mantiene funcionando con las fábricas cerradas. Una clase política que solo habla del futuro, que es lo que menos pueden ofrecer...
La mayoría de los amigos o recién conocidos me hablan de Fidel con desprecio y admiten que no podrían vivir en Cuba; pero en el fondo sienten una morbosa atracción por conocer esas ruinas que una vez, hace ya medio siglo, fueron una revolución flamante y seductora. Ya no lo hacen por convicción, más bien es puro entretenimiento.

13 feb. 2011

Casos y cosas de casas… viejas

Aún no he visto la película Casa vieja (2010) de Lester Hamlet. Apenas he alcanzado retazos en YouTube y algunas críticas. Una de ellas, la de Orlando Luis Pardo publicada en Diario de Cuba, me movió a escribir este post. Lamento que no llegue a Lester, pero él mismo pidió ser suprimido de la lista de El Fogonero. Según me advirtió en un email, no lee “gusanerías”.
Al comienzo de su crítica a Casa vieja, Pardo señala que el hecho de que el director trate de “ubicarnos en una suerte de pueblito fantasma, mitad alegórico y mitad ilegible, es ya un tic nervioso que arrastra nuestra institución del arte e industria cinematográficos. Tal vez es un complejo de culpa, tal vez sea sólo un toque poético para paliar el peso de lo político”.
Eso me llevó a un recorrido por las escenografías de las películas del ICAIC desde los ochenta hasta hoy. Los paisajes de Los pájaros tirándole a la escopeta, Se permuta y, sobre todo, Habanera, insuflaban optimismo. Las partes viejas aparecían maquilladas y lo nuevo resplandecía. El guagüero de Reinaldo Miravalles conducía un reluciente autobús Ikarus (mitad yugoeslavo, mitad cubano). Los extras sonreían y vestían con decencia.
En las películas cubanas que aún son producidas por el ICAIC, como advierte Orlando Luis, uno adivina con demasiada facilidad “qué se quiso decir y qué no se supo o no pudo decir”. Cuando los personajes de Lista de espera se despiertan del sueño colectivo, uno también abre los ojos y entiende que en una pantalla gigante no se puede ser tan valiente como en un cuento (publicado en una revista de escasa circulación).
La osadía o el nivel de honestidad que le falta a los textos y las soluciones dramáticas de las películas oficiales cubanas, a veces queda resuelto con las escenografías. En ellas sí se retrata a esa Cuba que retrocede en el tiempo de manera acelerada, como si quisiera alcanzar a Haití (la revolución que le antecedió) en los índices de miseria y desesperanza.
Pueblos espectrales, casas destruidas, carromatos tirados por caballos o, cuando más, un viejo ómnibus Robur que ya es incapaz de moverse. Si uno oye a los personajes es probable que no entienda. Pero si se fija bien en la escenografía, comprenderá que la historia de verdad sucede allí, en esa casa tan vieja donde (después de tantos casos y cosas) se dio por vencido el hombre nuevo.

11 feb. 2011

Ciberchancleteo o la isla a ras del suelo

Ayer en la tarde, a través de un mensaje de Twitter, Maryanne Fernández me invitó a su programa de radio All We Need Is Love. Me propuso que habláramos sobre la desconexión que se ha producido, con el auge de la Web 2.0, entre los intelectuales y las sociedades. El amor propio, concluimos, les ha impedido amar una época en que nadie espera por ellos para decir lo que piensa.
En Cuba esa crisis, como todas las otras, es mucho más aguda. Los intelectuales de mi país estaban acostumbrados a tener acceso a publicaciones exclusivas donde monologaban a su antojo. Por eso no acaban de entender una revolución que ha cambiado al mundo tanto o más que la imprenta. Eso explica que Rafael Hernández, un denso académico habanero, llame “ciberchancleteo” a los diálogos constantes que producen en la blogosfera insular.
A propósito de la filtración en las redes sociales de un video, donde un agente de la Seguridad del Estado cubana explica cómo privar a sus compatriotas del libre acceso a Internet, Antonio José Ponte escribió la columna “Bostezos de teniente coronel”. Cuando fui a copiar el texto para compartirlo con mi lista de contactos (pensando en los que viven en Cuba y no pueden navegar con libertad por la red), di con un comentario que quiero reproducir también.
Desafortunadamente, el autor de estas 195 palabras no tuvo el valor de firmarlas. Pero obviamente es un intelectual o un escritor que vive dentro de Cuba y disfruta de una conexión a Intenet (me gustaría pensar que ilegal, eso lo libraría de cargos a su conciencia). Solo pondré los acentos que faltan. Aunque detesto los párrafos largos, tan incómodos de leer en los tiempos que corren, no me siento capaz de partir este discurso:
“Estimado Ponte: Con estupor veo que corres el riesgo de perder tu talento en la peor variante del discurso político: el de comentar su actualidad efímera. Tú anunciaste una voz en libros ya esenciales (Las comidas profundas, tus cuentos, etc.) y ahora, desde tu exilio, inviertes tu tiempo con intenso capricho, en responder o disentir, en opinar y peor, en escribir sobre nuestras miserias nacionales. Tú eres un hombre inteligente. La política puede ser una pasión, pero no te va bien. Tú vienes de una tradición lateral de la escritura. De una mirada oblicua, intima, sonriente y apartada. Lo grave y lo palpable te queda mal. Modela tus demonios, hazlos cuentos o ensayos de imaginación. Tú sabes mejor que nadie que en las letras cubanas esos desvíos imprevistos se terminaron con el desagravio, o peor aún, con la ignorancia y el olvido de uno de los pueblos más ligeros y olvidadizos del planeta: el cubano. Escribe la novela o los libros de ensayos que esperaban de ti quienes te hemos leído con alegría cómplice. Deja esa pasión amarga nuestra por las intrigas cotidianas en forma de lenguaje reciente. Haz un esfuerzo, rodéate de nuevo de quienes imaginan. Un abrazo”.
Más que de una computadora, este comentario parece venir del lejano siglo XIX. El que regaña y abraza a Ponte quiere, como Rafael Hernández, que se produzcan textos de altura. Ninguno de los dos repara en que estamos hablando de una isla que se mueve a ras del suelo, incapaz ya de tomar el vuelo en ninguna dirección.

9 feb. 2011

¡Salmonalipsis now!

La corriente se ha vuelto a poner en contra de Andrés Calamaro. Una vez el Salmón advirtió que los principios de década siempre habían provocado cataclismos a su alrededor. Sin embargo, cada una de esas crisis, generadas por rupturas y desilusiones, acabaron convirtiéndose en una obra maestra en su discografía.
Al comienzo de los 90 fue el álbum doble de Honestidad brutal. En el 2000, las 400 canciones que rodean los 5 cds de El Salmón. Ahora no sabemos qué terminará ocurriendo, pero por lo pronto Andrés se ha encerrado a grabar viejos blues (que ya ha compartido en El Hornero Amable) y ha suspendido la gira de On the Rock.
En Argentina, como señala hoy Diego A. Manrique en El País, “los rockeros son tan idolatrados (y vigilados) como los futbolistas”. Durante una presentación en Chile, Andrés estuvo acompañado por Micaela Brequer, una modelo de Playboy. La prensa no perdió la oportunidad de reseñarlo y, como lo describiera el propio Calamaro, la sangre llegó al río: su mujer, la actriz Julieta Cardinali, le presentó el divorcio.
La última noticia que se tiene de El Salmón es que anda por la frontera entre México y Estados Unidos, grabando con Los Tigres del Norte. De cumplirse otra vez ese natural ciclo calamariano, a partir de este momento podemos esperarlo todo, incluso, otra genialidad. Para decirlo como le gusta a Andrés, a la manera de Francis Ford, ¡Salmonalipsis now!

8 feb. 2011

La última alcaldesa de Cuba

Durante toda mi infancia, un jueves sí y un jueves no, me sentaba junto a mis abuelos frente al invencible Krim 206 (un aparatoso televisor soviético) a ver San Nicolás del Peladero. Aún hoy, treinta años después, puedo recordar capítulos enteros de aquella delirante comedia costumbrista.
Después de La tremenda corte, que es el non plus ultra del humor cubano, ningún programa llegó tan cerca del meollo de la picaresca criolla. El café La Flor de Asia y todos los personajes que se daban cita allí, componían un paisaje inolvidable para muchas generaciones.
Plutarco Tuero, Cheo Malanga, Ñico Rutina, Eufrates del Valle y Montelongo Cañón, entre muchos otros, repetían hasta la saciedad, entre bocadillos y morcillas, esas graciosas expresiones que definen y representan a la cubanía. Cada vez que uno piensa en San Nicolás del Peladero, es imposible no recordar a Remigia, la alcaldesa.
Hoy ha muerto en La Habana, a los 96 años, María de los Ángeles Santana. Si cierro los ojos, me veo claramente en la sala de la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones, sentado entre Aurelio y Atlántida, muriéndome de la risa por anticipado, mientras la alcaldesa comenzaba a llamar a su mayordomo.
—Agamenón. Aaaaagamenón. Aaaa-a-a-a-gamenón. ¡Agamenóoooon!
Con Sigfredo Ariel y Bladimir Zamora descubrí a la otra María de los Ángeles Santana. Aquella extraordinaria cantante lírica que le puso voz a las grandes canciones cubanas. Pero por más que ellos trataron de colarme sus discos junto a los de Esther Borja o Lecuona, de ella preferí siempre a la enjoyada y caricaturesca alcaldesa.
Por suerte alguien ha colgado en YouTube algunos retazos de San Nicolás del Peladero. Ahí permanecerá viva la última alcaldesa de Cuba.

¿Y si te descubren mañana?

Su historia parece una novelita policiaca de las que se escribían en Cuba por los años 70 del siglo pasado. Él mismo admite haber nacido en esa década y se dedica a la misma labor que aquellos personajes. Cuando habla, hace alardes de impunidad. El hecho de que la mayoría de los que lo conocen no tengan libre acceso a internet, le va insuflando confianza.
Ahora ya sabemos que se llama Eduardo Fontes Suárez en la vida real y Tatofontes en Twitter. Fue descubierto por sus antiguos compañeros de la Escuela Vocacional Vladimir Ilich Lenin. Las redes sociales, esas “armas poderosas” que él usa todos los días para  tratar de callar a los cubanos que reclaman un país libre (cual solamente puede ser libre), se volvieron en su contra.
El video donde Fontes explica cómo atenazar a sus compatriotas le dio la vuelta al mundo en 80 blogs. Luego se sumaron los medios de comunicación y, por último, las redes sociales. En una galería de Facebook, “La Lenin 1984-1990 (pre)”, aparece  en varias imágenes (siempre en la extrema izquierda) junto a sus condiscípulos. Quién sabe si  en ese entonces ya se dedicaba a la chivatería.
La mayor obsesión de este oficial de contrainteligencia, de 38 años, es Yoani Sánchez. Hace que la persigan paso a paso por toda La Habana y él mismo la sigue, con la máscara de Tatofontes, en Twitter. Es probable que este ciberesbirro sea también el encargado de hacerle llegar a los blogs de acción rápida (Cambios en Cuba, El Blog de Yohandry y La Isla Desconocida, entre otros) los materiales que produce en su miserable accionar.
Ya sabemos quién es y cómo actúa. Todos hemos podido ver a Tato Fontes perpetrando medidas represivas en la frontera entre el deber y la infamia. Pero lo mejor de todo son sus propias palabras. Nada resulta más elocuente para probar la naturaleza de un régimen que no descansa en su afán de sumirse en el oprobio.

4 feb. 2011

Pito, el elefante de Mal Tiempo

En 1977, cuando las seis provincias cubanas fueron picadas en catorce pedazos, la geografía del béisbol también cambió. Aunque a partir de ese momento mi equipo debería ser Cienfuegos, mi corazón se quedó con Villa Clara, que era el heredero legítimo de los míticos Azucareros.
Mi abuelo Aurelio y mi tío Rafelito, en cambio, volvieron a ser cienfuegueros con fundamentalismo. Para ellos aquel uniforme verde significaba el regreso del equipo que siempre defendieron con orgullo, desde los tiempos en que solo había tres equipos más: Habana, Marianao y Almendares.
Mi tío Rafelito nunca se perdía el doble juego de los domingos en el 5 de Septiembre. Lo acompañé muchísimas veces. Aunque aquel Cienfuegos no era un equipo ganador, uno se daba el lujo de ver en el terrero a Antonio Muñoz, Pedro José Rodríguez, Héctor Olivera y Sixto Hernández.
Cuando esos cuatros ases del béisbol cubano se retiraron, mi tío Rafelito no se rindió. Pero cada vez que llegaba al 5 de Septiembre, miraba con nostalgia en dirección a las cercas donde Muñoz y Cheíto escribieron su leyenda. “¿Cuándo volveremos a tener un jonronero de clase?”, preguntaba en voz alta, para que cualquiera de los que estaban a su alrededor tratara de responderle.
Cienfuegos ya no solo tiene al mejor jonronero de Cuba, sino que también es el equipo más ganador de la presente Serie Nacional. Parecería que los Elefantes se están preparando para lo que viene. Porque sea como sea la pelota cubana en el futuro, la existencia del Cienfuegos debería ser innegociable.
Hoy leí una entrevista a José Dariel Abreu, quien actualmente es el líder en jonrones, impulsadas, average ofensivo y slugging. Pito nació en el central Mal Tiempo, a unos pocos kilómetros de mi Paradero de Camarones. Me hizo feliz repasar sus hazañas, por eso no pude evitar el recuerdo de mi tío Rafelito.
Su fantasma debe de estar feliz, allí, donde a él más le gustaba, justo enfrente de la almohadilla de tercera.

3 feb. 2011

¿Cómo podríamos olvidarte, María Schneider?

Hoy se murió María Schneider. Era una señora de 58 años, llena de canas y descuidada. En su último rostro eran visibles todas las cicatrices de la decepción. Nadie podría reconocer en ella a la muchacha que, allá por 1972, se desnudó delante de Marlon Brando para protagonizar una de las películas más escandalosas de todos los tiempos: El último tango en París.
El periódico italiano La Repubblica buscó a Bernardo Bertolucci para que dijera algo sobre ella: “Su muerte ha llegado demasiado pronto, antes de que pudiera volver a abrazarla, y al menos por una vez pedirle perdón”, dijo el director. Los que leyeron la última entrevista de María, saben a qué se refería Bernardo. Al parecer, ella nunca se recuperó de los traumas que le produjo el rodaje.
Uno de sus momentos más difíciles, según confesó, fue la famosa escena de la mantequilla: “Fue una idea de Marlon. Y Bertolucci me dijo lo que tenía que hacer poco antes. Me engañaron. Casi me violaron. Esa escena no estaba prevista. Las lágrimas que se ven en la película son verdaderas”, confesó.
Las drogas y la desilusión fueron reduciendo a María Schneider hasta el más absoluto olvido. De no de ser por los 129 minutos de El último tango en París, hoy a nadie le hubiera llamado la atención su muerte. Que una mujer sucumba a un cáncer en París no es noticia. Pero si alguien repara en que se trata de la misma muchacha que entró por la puerta de la historia del cine con un sombrero y un abrigo de piel, asustando a un gato, todo cambia.
María Schneider ya no está en este mundo. Sin embargo, la muchacha de celuloide que Brando besó por todas partes, milímetro a milímetro, es eterna.

Cuba, la pirámide invertida de Egipto

La situación de los cubanos hoy es mucho más desesperante que la de los egipcios. Los que crecieron en Cuba durante el medio siglo en el poder de Fidel Castro, conocen muchas menos libertades que los que han vivido en Egipto las tres décadas de Hosni Mubarak.
Mientras la nación árabe se beneficia de su posición estratégica y de las riquezas que genera su agricultura, el país caribeño ha sido empujado a la improductividad y la indigencia por la caótica administración de su régimen. ¿Cuál ha sido la diferencia entonces, por qué los egipcios se lanzaron a las calles antes que los cubanos?
La respuesta está en una línea de la última reflexión de Fidel Castro. En La suerte de Mubarak está echada, Fidel comienza tergiversando la realidad. Como en Cuba no hay libre acceso a la información, el dictador asegura que su homólogo egipcio aún disfruta del apoyo de Estados Unidos. Solo los cubanos desconocen que Barack Obama ha  insistido en que el cambio en Egipto debe comenzar ya.
Luego de escribir un napoleónico párrafo, el Comandante se dedica a entresacar líneas de los últimos despachos de prensa sobre la situación en El Cairo. Con mucho cuidado, puso los puntos y las comillas antes de que alguna palabra desmintiera su tesis. Sabía que, más que una columna de opinión, está sembrando un campo minado y en cualquier momento una frase podía explotarle en las manos.
“Los riesgos de guerra cada vez más destructivos están muy presentes. ¿Dispondrán los líderes políticos de suficiente serenidad y ecuanimidad para hacerles frente? De ello dependerá el destino de nuestra especie”, concluye el Comandante con tres puntos y aparte que yo he ignorado, cuando no se trata de un discurso esos énfasis son innecesarios.
Dejando a un lado el delirio apocalíptico, vale la pena responder la interrogante de Fidel con otra pregunta: ¿En qué consiste, para él, la ecuanimidad de los líderes? ¿en disfrazar matones de civiles para contener las manifestaciones de los opositores? Si es así, desde ayer Hosni Mubarak alcanzó la ecuanimidad que Fidel nunca le ha faltado.
Cuba es la pirámide invertida de Egipto. La isla, durante medio siglo, ha padecido una plaga que vale por las doce que azotaron a la nación africana; pero sus líderes han sido siempre muy “serenos”, tanto, que a la mayoría de los cubanos ni les pasa por la cabeza salir a las calles. Sus calles.

2 feb. 2011

Cambio el himno de mi país por cualquier canción de Serrat

Ayer amanecí oyendo los discos más viejos de Joan Manuel Serrat. Como a la décima canción descubrí que los versos del catalán me representan mejor que el Himno Nacional de Cuba. De una vez lo escribí en mi muro: “Cambio el himno de mi país por cualquier canción de Serrat. Ni soy bayamés, ni me interesa al combate corred”.
Por unos segundos estuve a punto de borrarlo, temiendo que uno de esos patrioteros que andan sueltos por ahí me echara a perder la mañana. Pero apenas un minuto después Eloy Ganuza, Juan Carlos Recio, Belma González y Klaritza Morales Calvo ya habían puesto que les gustaba. Al mismo tiempo, Renay Chinea me hizo una pregunta: “¿Te mando 'Mediterráneo'?”.
En ese momento advertí que, efectivamente, esas estrofas del catalán estaban más cerca de mi geografía como individuo que la marcha de Perucho Figueredo. Entonces Odette Alonso dijo que ella prefería “Vagabundear” y otro santiaguero, José Manuel Poveda, recalcó que a él tampoco le gustan los himnos patrios: “sobre todo si sus letras incitan a degollar al supuesto enemigo”, dijo.
José M. Fernández Pequeño fue más lejos: “Pues yo sí soy bayamés y también estoy harto de un himno que me manda a pelear, cuando lo que quiero es un palo de ron y algo de cumbancha. Propongo que, cuando el próximo cubano gane una medalla olímpica, pongan ‘Cuidaíto, Compay Gallo’ en los altavoces”.
Sonia Díaz Corrales apostó de inmediato por la afirmación de Pequeño y Alejandro Aguilar aprovechó para advertir que tampoco cree en las patrias. Los comentarios siguieron apareciendo y llegaron a un punto en que Renay citó un ejemplo sobre un cangrejo moro de Mayajigua suelto en Edinburgo.
El punto final lo puso Margarita García Alonso con un largo comentario del que solo cito el primer párrafo: “A mí si me gustan los himnos nacionales, pero creo que deberían cambiar la letra de tiempo en tiempo para ajustarla a los propósitos de la nación en cada época, soy muy Whitman en esto de nación...”.
Yo quise hacer un cambalache con mi himno y acabé consiguiendo un diálogo familiar con cubanos de pueblos muy diferentes que están en países muy distintos. Mañana veré por qué cambio la bandera. Siempre he creído que Jorge Drexler tiene la razón: “vale más cualquier quimera/ que un trozo de tela triste”.

1 feb. 2011

Bebo’s Blues*

En Estocolmo las mujeres comen fresas antes de empezar a llorar,
luego se ponen una flor alrededor del cuello
y te miran a los ojos para oír mejor esa música incomprensible.
Bebo escribe la palabra Quivicán todas las noches.
Siempre lo hace sobre la misma ventana,
moviendo sus dedos entre el aire y la nieve.
Antes del dibujo se ve el cielo y después el agua,
entre ellos,
aparece una madrugada cualquiera con todas las luces encendidas,
un espacio lleno de rostros efímeros
y de carteles que anuncian las únicas canciones que existen.

Las sillas del bar están vacías
y Bebo es un barco que flota sobre el invierno.
¿Quién puso una lámpara de aceite encima de sus dedos?
¿Quién dejó pasar a esas mujeres que ahora le miran a los ojos?
En Estocolmo nadie responde preguntas lanzadas al aire
y lo poco que hemos logrado entender
son metáforas escritas por poetas que ya se murieron.
Allí sólo es verdad
una madrugada cualquiera que han encubierto con cortinas rojas
y la sombra de Dios que se apresura a repartir fresas, flores...
todo el silencio que se puede hacer
antes de que un negro enorme empiece a flotar enternecido en llanto.

*Con este poema, incluido en el libro Itinerario (2003), aparezco en la Antología de la poesía cubana del exilo (Aduana Vieja, España, 2011). Desconozco las razones por las que Odette Alonso escogió estos versos. Dejando a un lado la alegría que siempre produce el hecho de que algún texto de uno alcance la imprenta (un placer que está a punto de desaparecer), lo que más me ilusiona de esto es Bebo, quien ha logrado hacer poesía si tener que escribir ni siquiera una palabra. Bebo es también uno símbolo de resistencia. Nunca se dejó tentar por los puentes que le invitaban a regresar, jamás cambió la libertad bajo cero de Estocolmo por un "cálido" regreso a su isla presa.

La poesía cubana del exilio es un pañuelo al que Odette Alonso le encontró las cuatro puntas

El proyecto comenzó a gestarse en la época en que solo podíamos reencontrarnos por email, pero fue gracias a la web 2.0 que se hizo realidad. Odette Alonso no solo es una de las cubanas más auténticas y creativas que pueda haber, también es perseverante y trabajadora hasta las últimas consecuencias. Solo así se puede lograr algo como la Antología de la poesía cubana del exilio (Aduana Vieja, 2011).
En su blog Parque del Ajedrez, esa bitácora donde la cubanía y la creación comparten el mismo tablero, Odette cuenta todos los pormenores de principio a fin. Por más de diez años la escritora fue armando y desarmando su libro, que en un principio iba a estrenar una editorial en México y después estuvo a punto de publicarse en España. Cada naufragio impuso una cifra incontable de revisiones.
En verdad, Odette pretendía abarcar la poesía de adentro y de afuera. La idea de que la antología se centrara en los poetas que actualmente viven en el exilio fue de Amir Valle, quien colaboró con el proyecto en algún momento. Otra cómplice indispensable fue Margarita García Alonso, quien acabó aportando la ilustración de la portada y el aliento de su magia, que siempre inspira más de lo que uno puede calcular.
Una obra así nunca logra concluirse. Ahora mismo, encima de un avión, una balsa o un sueño, hay un poeta largándose de esa isla que lo inspira con la misma intensidad que lo asfixia. Pero gracias a Odette tenemos en un índice, organizados por orden alfabético, los nombres y los versos de una buena parte de los que han oído crujir la turgente vela.
La poesía cubana del exilio es un pañuelo al que Odette Alonso le encontró las cuatro puntas. Ahora todas las palabras que caben en ella se pueden doblar en cuatro y guardar en un mismo espacio, a salvo de eso que los propios poetas coinciden en llamar olvido.

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