27 oct. 2015

Sobre fusilados y verdades incómodas

Hoy el periódico El Mundo recuerda el viernes 6 de noviembre de 1936. Ese día, en horas de la tarde, Santiago Carrillo Solares, el secretario general de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) de España, fue el “facilitador” de una matanza de prisioneros en Paracuellos de Jarama.
Hay un detalle que divide a los fusilados en dos injustos bandos. Los que son llevados al paredón por un régimen de derecha, aun cuando en vida fueran unos cobardes y unos patanes, en el acto se convierten en héroes de la patria. Justo después de caer abatidos, por obra y gracia de un tiro en la sien, sus nombres quedan expeditos para bautizar escuelas, calles y parques.
Pero si es un régimen de izquierda quien te ejecuta, no importa cuan valiente hayas sido ni las razones por las que acabaste de espaldas a un muro. La historia suele ser muy escrupulosa con las “causas justas” y se cuida mucho de empañarlas con verdades incómodas. Sobre todo porque a los niños, en las aulas, les gusta que los buenos sean buenos-buenos y los malos, recontramalos. 
Los fusilados de Paracuellos, como los de La Campana (ese infame paraje rural del Escambray donde el régimen de Fidel Castro ejecutó a cientos de alzados), deberán soportar el peso de la indiferencia sobre sus restos. Todos caen de la misma manera, solo los separa el modo en que se les recuerda o se les olvida.

25 oct. 2015

Gracias, República Dominicana, por la libertad

Junto a Silvio Herasme Peña y Soledad Álvarez, quienes también fueron premiados.
Foto: Abigaíl García
(Palabras leídas al recibir el Premio Caonabo de Oro en el Auditorio Juan Bosch de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña)

Gracias, querido Mario. Todas las mañanas de mi infancia me obligaron a gritar “¡Pioneros por el comunismo, seremos como el Che!”. Al filo de los 50 años, estaría muchísimo más orgulloso de mí mismo si pudiera ser como Mario Rivadulla hasta la edad que tiene hoy Mario Rivadulla.
William Faulkner aseguraba que el mundo estaba hecho para los que se enfrentan a los problemas y los resuelven. Los que son incapaces de hacer algo así y sufren por ello —decía—, escriben. Admito que si no pudiera escribir, el mundo para mí tendría muy poco sentido; que me paguen y hasta me premien por hacerlo, es un verdadero alivio.
Llegué a República Dominicana el 30 de noviembre de 2000. Al día siguiente amanecí en la redacción de un diario. Aunque en Cuba había laborado en dos revistas y llegué a estar al frente de una editorial, esas experiencias de poco me servían para cerrar un periódico en un país en el que solo había permanecido algunas horas.
El 2 de diciembre salió publicado, en la sección de Cultura de El Caribe, mi primer reportaje escrito aquí. Aunque es irrefutable que soy el autor de ese texto, no hubiera sido posible sin la confianza, el respaldo y la solidaridad de todos los que formaban parte de aquella redacción.
Debo aclarar que fui a dar ahí gracias a Freddy Ginebra, mi padre dominicano, quien me abrió las puertas de este país como si fueran las de su casa. También debo agradecerle a Luis Canela, Bernardo Vega, Fernando Ferrán, Margarita Cordero, Adriano Miguel Tejada, Rafael Emilio Yunén y Alejandra Pellerano los riegos que corrieron al tenerme en sus equipos de trabajo.
Al mencionarlos a ellos, reconozco a todos los que compartieron experiencias conmigo en El Caribe, Diario Libre, el Centro León y Newlink Communications. No los menciono porque son muchos, muchísimos, y una sola omisión sería inexcusable. Aun así, me siento en la obligación de reconocer a a una persona más.
A Luis Concepción, quien siempre ha depositado en mí mucha más confianza de la que merezco y me ha dado la oportunidad de colaborar por años con la marca más internacional de República Dominicana y con un símbolo de la alegría de su gente: Ron Brugal.
Hace ya 15 años que vivo en República Dominicana. Cada uno de los logros que he tenido aquí se deben, en gran medida, a todos los que me tendieron la mano al pasar. Si algún mérito tengo, es haber logrado adaptarme al gran cambio que significa vivir en una democracia después de haber nacido y crecido dentro de una dictadura.
Es por eso que, cada vez que puedo, dejo constancia de mi impagable deuda con este país. Como si todo eso fuera poco, aquí también encontré a una cubana que es el amor de mi vida desde la misma noche en que nos conocimos. Tengo miles de razones por las que estar agradecido, pero si tuviera que elegir solo las más importantes, serían esas: Gracias, República Dominicana, por Diana y por la libertad.

24 oct. 2015

Aprender a mirar, volver a tocar

Italo Calvino retratado por Sebastião Salgado. 
(Escrito para la columna Como si fuera sábado, de la revista Estilos)

A Basilio Beliard solo le veo de vez en cuando y siempre en el mismo lugar, en los vericuetos de la librería Cuesta. Cada vez que tropezamos, intercambiamos abrazos y algún comentario sobre los libros que tenemos alrededor o llevamos en las manos.
Así pude enterarme que era un gran lector de Italo Calvino, uno de los escritores que más he releído en mi vida. Ambos alardeamos de atesorar la edición de su obra que Ciruela hizo en 32 tomos, esa que llega hasta Orlando furioso, la narración en prosa del poema de Ludovico Ariosto.
Por eso me sorprendió tanto la columna “El futuro del lector y del autor”, publicada en el periódico El Día, donde Basilio se confiesa alarmado por las nuevas reglas del juego que establecen los libros digitales. “Esa libertad que da el mundo virtual también se ha convertido en una trampa laberíntica de comunicación, que nos volverá afásicos y tartamudos”, asegura.
Comencé a escribirle un email donde le reclamaba que un lector de Calvino debería estar mejor preparado para los cambios. Pero justo en ese momento di con una noticia que me provocó pavor: Patrick Peterson acababa de imponer un record Guinness al hacerse 1.449 selfies en una hora.
Entonces decidí posponer el diálogo con Basilio hasta el próximo encuentro en Cuesta. Aunque sigo estando en desacuerdo con su visión apocalíptica del libro digital, es cierto que la democratización de los medios de comunicación ha permitido que la estupidez tenga más difusión que nunca.
Aun así, hay algo inobjetable. Las mismas boberías que dicen los libros digitales de Pablo Coelho, aparecen en los impresos en papel. El problema no está en el soporte sino en el contenido. Mi amigo Rogelio Obaya, ese personaje casi borgiano que es indispensable a la hora de explorar Cuesta, suele lamentarse del gigantesco volumen del mercado de la autoayuda.
Según Rogelio, gracias a la enorme demanda que tienen todos los subproductos mercadológicos de Coelho y sus congéneres, las librerías de hoy pueden sostenerse y continuar ofreciendo servicio a los que acudimos a ella en busca de bienes culturales.
La psicóloga Linda Henkel publicó recientemente una investigación en la Universidad de Fairfield, en Connecticut, que nos ayuda a entender lo que está ocurriendo.  Linda, después de parar a sus alumnos frente a una obra, los dividió en dos grupos.
Al primero, le pidió que retratara la obra con sus smartphones. Al segundo, se limitó a decirle que la miraran. Al día siguiente, los estudiantes que habían hecho fotografías recordaban muchos menos detalles que los que habían mirado la obra y no se llevaron consigo ninguna reproducción suya.
Los smartphones y las tabletas están cambiando para siempre nuestra manera de relacionarnos con el mundo que nos rodea. Una vez que se consigue uno de esos aparatos, nuestra mirada y nuestro tacto deben ser “reiniciados”. Debemos aprender a mirar, volver a tocar, establecer una nueva manera de relacionarnos con el entorno.
Pero eso no quiere decir, como supone Basilio, que obligatoriamente se tenga que “atropellar nuestra lengua y los principios más simples de la normativa escrita, y aún de la gramática”. Habrá literatura mientras sobreviva el lector. Él, y no el soporte de los libros, será quien decida si sobrevive o muere.
Yo, que soy un hombre del siglo pasado, no sé vivir lejos de mis libros de papel. Pero mi biblioteca virtual va creciendo poco a poco. No está lejos el día en que tenga la misma cantidad de volúmenes dentro del iPad que en los libreros.
Para mí el único problema de los libros virtuales es que no hace falta ir a la librería a comprarlos. Porque entonces pierdo la oportunidad de reencontrarme con Basilio y de seguir discutiendo con él sobre el tema, sin que una pantalla tenga que servirnos de intermediaria. 

23 oct. 2015

Jorge Valls, el poeta del presidio

Ese hombre tan delgado y vulnerable que usted ve ahí, preso de una tupida vegetación, resistió 20 años en presidio. La dictadura del Fidel Castro lo condenó por pensar diferente. Él solo quería ser poeta y decir lo que pensaba, pero eso no estaba permitido en la Cuba que le tocó vivir y pagó las consecuencias.
En el cárcel se negó a llevar el uniforme de preso común. Eso lo convirtió en “plantado” y en víctima de brutales torturas. En la Cuba de hoy, muchos presos políticos siguen su ejemplo y prefieren andar desnudos antes que llevar la ropa de la infamia. Sus escritos sobre la prisión son un invaluable testimonio donde se denuncia el horror de las cárceles cubanas y la crueldad de la dictadura.
Es una verdadera pena que muchos se enteren de su existencia con la noticia de su desaparición. Si en algo ha sido muy eficiente el régimen de los hermanos Castro, es en convertir en “no persona” a todo aquel que decida adversarlo, disentir o simplemente decir que no está de acuerdo.
Jorge Valls acaba de morir en el exilio. Este es en verdad su primer día libre desde 1964, año en que fue arrestado. A hombres con él solo la muerte lograra liberarlos de la tragedia que les tocó vivir.

22 oct. 2015

Un infame homenaje

Después de Joaquín Balaguer, nadie le ha infligido más daño al presente y al futuro de República Dominicana que Leonel Fernández. Hubo un momento precioso en que él tuvo la oportunidad de vindicar a Juan Bosch y acabar de construir el proceso democrático que quedó trunco en 1963 con el Golpe de Estado, pero el verborreico doctorcito de Villa Juan prefirió consolidar lo peor del legado de Balaguer: la corrupción, el clientelismo y la exclusión. 
Ayer, en el momento en que se archivó el expediente contra Félix Bautista, se le rindió un infame homenaje al balaguerato y a todo lo que permanece vivo de él gracias a Leonel. Por eso nunca he vuelto ni volveré a FUNGLODE. Ninguna iniciativa cultural compensa el bochorno que significa el lavado de tanta mácula.

20 oct. 2015

Los puercos no pudieron con el cuerpo de El Sexto

Aun se mantiene dentro de esa enorme prisión que es Cuba, pero ya ha sido liberado de la pequeña celda donde lo mantenían. El grafitero El Sexto fue encarcelado por el régimen en diciembre de 2014. La policía política lo detuvo para impedir que hiciera un performance con dos cerdos a los que le había pintado los nombres de "Fidel" y "Raúl". 
Esta es una victoria de El Sexto y de todos los que fueron solidarios con él, denunciando a la dictadura por su retención. Es admirable la valentía que demostró el artista durante todos estos meses. Nunca lograron que se rindiera. Ni siquiera cuando él, como advirtió en un mensaje, lo único que tuvo para defenderse fue su propio cuerpo.
El performance debió haber durado unos minutos, pero gracias a la cobardía de la dictadura se mantuvo vigente hasta hoy. Ahora El Sexto es reconocido en el mundo entero y una de sus obras ya es parte de la historia del arte cubano. En el futuro no habrá crítico ni historiador que se atreva a pasar por alto a esos dos cerdos ni la razón por la que llevaban esos nombres en sus barrigas.

18 oct. 2015

Cuba, de las fotos de Korda a los puercos de El Sexto

Página del cuaderno de El Sexto. (Tomada de Diario de Cuba)
En 1959, cuando Fidel Castro entró a La Habana en el lomo de un Jeep Willys, Cuba era un país muy revolucionario. Sus medios de comunicación masiva y sus agencias de publicidad estaban a la vanguardia del mundo.
Las imágenes más icónicas de aquel hecho histórico no fueron tomadas por fotorreporteros sino por publicistas. Eso explica cómo los líderes guerrilleros se convirtieron en auténticos modelos y verdaderos sex symbol. Era un momento precioso y así quedó consignado.
En 2015, mientras Fidel Castro deambula por su casa en una silla de ruedas, Cuba es un país muy reaccionario. Sus medios de comunicación masiva están en la retaguardia del mundo, la publicidad no existe y la inmensa mayoría de las imágenes que se reproducen pertenecen al pasado.
Apenas unos pocos artistas se atreven a representar el presente de una manera fidedigna. Uno de ellos es El Sexto, quien permanece en prisión por las obras que ha hecho en muros, en puertas, en cuadernos clandestinos y en el lomo de cerdos.
Esa es una buena manera de apreciar la trayectoria de Fidel y su revolución desde el 1 de enero de 1959 hasta la actualidad. Mirémoslo primero en las fotos de Korda y luego en los puercos de El Sexto. Esos dos puntos de vista alcanzan para entender todo lo que pasó en Cuba.

16 oct. 2015

Don Fli

Hace ya una semana que estoy en cama. Todos estos días de convalecencia han sido muy difíciles, pero he tenido recompensas como la visita de Don Fli, un diestro y sabio artesano de Yamasá que ha dejado nuestras mecedoras como nuevas. 
—El guano tiene muchos secretos —me dijo con cara de misterio—, pero no se preocupe porque yo me los sé todos. 

11 oct. 2015

Escalar estatuas en Cuba

Desde lo alto del parque, en el centro de Camagüey, la ciudad donde esparcieron sus cenizas, Ignacio Agramonte vio derrumbarse a la libertad. La mujer, hecha del mismo bronce que el Mayor, no pudo soportar el peso de un internauta que trataba desesperadamente de alcanzar la señal de Wi-Fi.
Este hecho tiene un antecedente. El 11 de marzo de 1949, tres tripulantes del barreminas  Rodman (el sargento Herbert Dave White y los marineros George Jacob Wagner y Richard Choingsby) bajaron a tierra y decidieron andar La Habana.
Ya estaban totalmente borrachos cuando desembocaron en el Parque Central. Una foto de la época delata la afrenta. Después de encaramarse en la estatua de José Martí, uno de ellos orinó sobre la mierda de las palomas, encima de la cabeza de mármol del Apóstol.
A diferencia de aquellos marines, el internauta camagüeyano no había ingerido ni un solo sorbo de alcohol. Cuando decidió subirse al cuello de la libertad buscando una mejor conexión con el mundo libre, estaba absolutamente sobrio y totalmente consciente de lo que hacía.
Los primeros lo hicieron por ignorancia, el segundo por querer saber; pero lo cierto que cada vez que alguien decide escalar una estatua en Cuba, se convierte en un símbolo y se gana al menos un párrafo en los libros de historia nacional.

10 oct. 2015

10 de octubre

El 10 de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental. También era una fecha patria en Cuba. Pero nuestra nación se arruinó, perdió el juicio y ahora deambula por cañaverales baldíos.

Y de pronto aprendí a ser viejo

(Escrito para la columna Como si fuera sábado de la revista Estilos)

Mi abuela tenía una mitad asturiana y la otra gallega, pero las canciones de un catalán le recordaban tanto su infancia, que empezaba a llorar con apenas oír la primera estrofa. Era la Cuba de los 70 y cada vez que Joan Manuel Serrat se asomaba en nuestro televisor ruso, Atlántida acababa enternecida.
Hace unos días, Diana estaba reunida con unos jóvenes y les contó que íbamos a un concierto de Joan Manuel Serrat. Ninguno sabía de quién se trataba. “¿Eso es música de viejos?”, preguntaron con desconcierto. Esa interrogante acabó regalándome una esclarecedora respuesta.
Una de las cosas más difíciles de la vida es aprender a ser viejo. Sobre todo a partir de ese punto en que ya nos empezamos a ver ridículos si nos empecinamos en estar a la moda y en aparentar lo que ya no podremos volver a ser (en el mundo apenas hay tres Rolling Stone y un solo Mick Jagger).
Cuando empecé a sacar la cuenta de todo lo que yo le debía a las canciones de Serrat, me sentí muy orgulloso y muy feliz de haber nacido en 1967 y no después. De lo contrario me había perdido aquella tarde en que oí por primera vez “Pueblo Blanco”. Mientras él presentaba a sus personajes, yo aprendía a reconocer a los que habitaban mi Paradero de Camarones.
Puedo situar el descubrimiento de cada canción suya en cada momento de mi vida. No olvido la tarde que le dije a Juana Granados, una rubia que bailaba mejor que Olivia Newton John, que era sinceramente suyo. Tenía 4 años más que yo, pero no pudo resistirse a la frase y acabó siendo mi primera novia.
Me convertí en un héroe entre mis amigos, ninguno se explicaba cómo lo había logrado. Pero el amorío apenas duró unas semanas. Obviamente, no supe cómo llenar el abismo biológico que había entre nosotros. Afortunadamente, las canciones de Serrat también estaban ahí para explicarme los fracasos y ayudarme a salir de los hoyos.
Aunque mi santa abuela me rogaba que me cuidara de las malas compañías, siempre supe elegir a mis amigos con tabla rasa: los peores de cada casa. Más tarde, cuando llegó el momento de aprender a enfrentarme a la sociedad y tratar de que oyeran lo que necesitaba decir, descubrí que entre muchos tipos y yo había algo personal.
Eso es algo que no supero aún. Cuando me apasiono en una discusión con alguien y trata de advertirme que no lo vea como algo personal, insisto en que entienda que sí, que hay diferencias sustanciales que no pueden quedarse en el plano laboral o social, que también deben debatirse en lo personal, sin máscaras ni doble moral.
Cuando Serrat salió al escenario y empezó a cantar “El carrusel del Furo”, me di cuenta que seguía siendo el mismo tipo que tantas veces me había ayudado y que, de una manera irremediable, me había marcado. Entonces me acerqué al oído de Diana y le dije que ya sabía cómo ser viejo.
Cada generación tiene una banda sonora y algún cantautor acaba componiendo las canciones que la definen. La mía tuvo al mejor. Ni antes ni después de Joan Manuel Serrat ha habido en nuestro idioma alguien como él. Eso también lo comprobé en el concierto. Cada pieza sonó como un himno y cada estrofa era la mejor posible, insustituible, inolvidable.
Les pido, por favor, que si se encuentran con Diana no le cuenten de esta columna. Es que a ella también le dije que era sinceramente suyo. Aunque, en honor a la verdad, fue la primera y única que vez que fui absolutamente honesto.
Por eso quiero estar a su lado hasta que me deje en la ladera de un monte más ancho que el horizonte. Para entonces, solo pido tener buena vista y que mi cuerpo sea camino, le de verde a los pinos y amarillo a la genista.

7 oct. 2015

Apenas trato de imitar a mis escritores preferidos

A propósito del Premio Caonabo de Oro, que la Asociación Dominicana de Periodistas y Escritores (ADPE) me entregará el próximo 23 de octubre, José Gómez Cerda me hizo esta pequeña entrevista. 

¿Qué sintió usted cuando le informaron que había sido seleccionado por el Jurado de los Premios  Caonabo de Oro como ganador?
Primero, creí que se trataba de un error. Luego, volví a sentir una enorme gratitud por República Dominicana. Este país me ha dado lo más importante que necesita un escritor para manifestarse: la libertad. No confío mucho en los premios, ni siquiera en el Nobel. Jorge Luis Borges, por ejemplo, nunca ganó el Nobel y sin embargo sí mereció el Caonabo de Oro. De manera que esta es mi primera y seguramente única oportunidad de compartir un lauro con el autor de tantos libros que me marcaron.

¿Quién le informó y qué opinión le merece este reconocimiento a su labor profesional?
El mensajero fue mi primera gran alegría. Que Mario Rivadulla, ese admirable compatriota mío, fuera quien me diera la noticia del Premio, me llenó de orgullo. Él ha sido un incansable luchador por la libertad de mi país y ha dedicado gran parte de su talento a República Dominicana. Que él estuviera entre los que creyeron que yo lo merecía me da una gran tranquilidad, porque eso quiere decir que no siempre he hecho mal las cosas.

¿Cuál considera que ha sido el mayor logro de su vida profesional?
Soy muy malo autoevaluándome. Apenas trato de imitar a mis escritores preferidos, siempre con la certeza de que jamás me acercaré a su talento. Aun así, creo que lo mejor que he hecho en mi vida como profesional es tratar de ser honesto, de no mentirle a los demás y de no mentirme a mí mismo. Eso me ha costado mucho y me seguirá costando, pero lo prefiero a ir por la vida tratando de engañar y de engañarme. Siendo un tilín optimista, me gustaría pensar que lo mejor de mí aún está por hacerse.

6 oct. 2015

Al desnudo

Últimamente todo el que llega a La Habana queda al desnudo, da lo mismo que sea Rihanna o el Papa Francisco. 

2 oct. 2015

Envejecimiento poblacional

Es algo que no avergüenza a todos, pero ya no tenemos modo de ocultarlo: Cuba es uno de los países más envejecidos del mundo. Imagínense que nuestro actual presidente ya dirigía pelotones de fusilamiento en los años 50 del siglo pasado.